Entrevista a Gabriela Perera

¿Cómo fue ese momento que te convocaron para ser parte del elenco?

Había dejado mi labor actoral, por un largo período, para dedicarme de lleno a mi otra tarea amada que es la docencia artística en el área de teatro, en el Instituto Vocacional de Arte “Manuel de Labardén”.

Por esos días realizaba la asistencia de dirección en una obra de Ricardo Halac “Por la gloria”, dirigida por Adrian Blanco. Allí conocí, a quien sería posteriormente mi gran amigo Julio Pallares, actor en ese espectáculo.       Paralelamente, Julio,  trabajaba en un grupo dirigido por Christian Forteza que ya llevaba tres espectáculos en su haber: Potestad,  Camara Lenta, de Tato Pavlovsky y Las Paredes de Gambaro. Yo había tenido el enorme placer de verlos en dos de esos espectáculos y quedé encantada con la puesta, la precisión y la solidez  que desde la actuación podía observar. No sobraba ni faltaba nada, todo era austero y a la vez muy rico en matices e imágenes.                                                                                                        Para mi suerte el grupo, conformado por Lorena Penón, Jorge Lorenzo, Julio Pallares y Christian Forteza se preparaba para comenzar un nuevo proyecto y es por recomendación de  Julio que me contacto con ellos.  Inmediatamente me sentí parte, fui recibida cálida y generosamente y fue así que comenzé a transitar mi camino junto a ellxs. Si hablamos del “momento” de la convocatoria podría decir que sentí una inmensa felicidad y un enorme temor.

¿Llevó mucho tiempo el armado de la obra? 

 Trabajamos arduamente en el armado de Rojos Globos Rojos, durante 8 meses aproximadamente, con un espíritu de grupo interesantísimo. Todxs y cada unx de nosotrxs aportó y aporta al proyecto lo mejor que puede, lo mejor que tiene. Nos dividimos las tareas y pusimos manos a la obra. Con paciencia infinita Forteza dirigió el rumbo, democrática pero férreamente, acompañado de la mirada del asistente de dirección Julio Pallares (actualmente Magalí Mussi). Lxs interpretes con total disposición prestámos nuestros cuerpos al juego, sabiéndonos cuidados. Se fueron sumando la bella música de Elena Avena, el exquisito vestuario de Mario Pera, las impactantes luces de Horacio Novelle y las maravillosas fotos de Sebastián Ochoa.  La impecable adaptación del texto llevó su tiempo de investigación, con la certeza de que después del caos aparecería un orden, nuestro orden, que como en un sistema entrópico está en permanente movimiento, siempre en proceso, siempre en cuestión e incertidumbre.

¿Qué cosa o que sensación has sentido cuando termino el ensayo general o primera función?

 Después del alivio posterior al pánico, la certeza. Certeza de estar haciendo un texto imprescindible para las épocas que corren; un texto interesante y valiente; un texto que nos lleva a recorrer, a través de imágenes, las luces y las sombras de estos tres personajes, que en definitiva son las nuestras propias, las de los de arriba y las de los de abajo del escenario.

Y fundamentalmente la certeza de estar haciendo lo que amo y para lo que me preparé con amor y dedicación todos estos años.

Básicamente y sin contarnos el final de la historia ¿Qué nos cuenta la obra?

Nos cuenta un acto de resistencia, no solo política sino también existencial. Esos actos de resistencia que nos definen y nos posicionan frente a los otros y a la forma de accionar en la vida. Gilles Deleuze decía queVivir no es otra cosa que una resistencia inútil.  Sólo el acto de resistencia resiste a la muerte, sea bajo la forma de obra de arte, sea bajo la forma de una lucha de los hombres. Y ¿Qué relación hay entre la lucha de los hombres y la obra de arte? La relación más estrecha y para mí la más misteriosa…El arte es lo que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza”  El Cardenal y las Popis lo saben, o por lo menos lo intuyen y por eso resisten.

¿Cuál fue el mayor desafío, al momento de empezar a armar el personaje?

Sin dudas, el mayor desafío fue incorporar la forma de trabajo del director. Trabaja fundamentalmente con lo “no dicho, lo que subyace” y para lograrlo pone el acento en la musicalidad del texto, en el texto como acción, coreografiando cada una de nuestras intervenciones. Casi un proceso inverso al que estamos habituadxs, en el cual no es central el cuerpo sino la palabra, el cuerpo la acompaña, la niega, la contradice… pero nunca la subraya.

Me imagino que después de estos años arriba de un escenario debe haber un tipo de obras teatrales que te gustan más que otras… ¿Cuáles son tus preferidas para actuar y cuales para ver?

Nunca se me ocurrió pensarlo de este modo pero acepto el desafío.            Me encanta la comicidad, el humor, lo descabellado e insólito, aquello que a la vez que nos divierte, nos interpela. Creo en lo cómico como abordaje del drama y es esa la cuerda que más me gusta tocar como actriz.

Como espectadora soy bastante relajada, me gusta aquello que me hace entrar en código y me conmueve, entendiendo que no solo la conmoción se demuestra a través de las lágrimas sino de diversas formas (la risa, el silencio, etc). A la hora de participar del ritual del teatro agradezco enormemente las voces con textura y los cuerpos precisos.

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