NAVAJA EN LA CARNE (Critica)

Próximamente en el teatro Empire

La majestuosa sala del teatro Empire abrió sus puertas para permitirnos -a unos pocos invitados- presenciar el work in progress de Navaja en la carne, la nueva propuesta teatral para la temporada 2019 con la dirección de Antonio Leiva (también a cargo de ese mismo rol en Lección de Anatomía) y las actuaciones de Sandra Villarruel, Juan Pablo Rebuffi y Oscar Giménez.

La pieza es una creación del autor brasileño Plinio Marcos, reconocido artífice de diferentes obras, escritas principalmente durante la dictadura militar, que le valieron el mote de “poeta maldito” por su intención de mostrar a la sociedad lo que sucedía en ese país.

Navaja en la Carne se estrenó por primera vez en 1967 en San Pablo y la dictadura militar la mantuvo censurada durante trece años.

La acción transcurre en una habitación hedionda y sombría como si fuera una especie de cárcel, y en cierta manera es lo que parece… una fétida prisión. Tres personajes: una prostituta; Osmar, su pareja y proxeneta y la interacción de ambos con un homosexual, muestran este triángulo casi perfecto en el que cada personaje ocupa un rol para luego ir rotando al del otro.

El avance que se presentó por momentos hiela la sangre; logra provocar tantas sensaciones disímiles que, como una montaña rusa, en más de una ocasión se aprietan los puños junto con los dientes para luego permitir que la mandíbula caiga impávida y surjan ganas de levantarse y golpear al vividor de Osmar, interpretado de manera impecable por Juan Pablo Rebuffi y hacer justicia por esa prostituta o por el marginal “Masita”, que son víctimas de los constantes golpes de este personaje que imparte miedo, abusa y busca ese respeto que considera merecer por sentirse una suerte de codiciado galán.  

Sandra Villarruel, de gran trabajo, se mete con oficio de años de escenario en la piel de Araceli, sufrida prostituta que sólo necesita un poco de cariño y que ve como su vida se desvanece con el paso del tiempo y la carga de llevar dinero para no recibir un golpe más que el que ya le proporciona la vida a diario. Su mirada tiene mucho de pena, mucho de cansancio, mucho de nosotros mismos y de lo que no queremos ver o evocar.

En ese vaivén de emociones llega cada tanto como un oasis; un poco de descompresión (afortunadamente) con algo de sarcasmo y humor que aparece en el momento adecuado para recordarnos que la vida no siempre es todo lo buena o todo lo mala que creíamos. Justamente esos grises hacen que una persona tenga actitudes condescendientes pero en el fondo pueda ser dueña de una crueldad inexplicable. Esos ratos sirven para tomar una bocanada de aire y bajar la tensión. La mayoría son provocados por “Masita”, creación perfecta del multifacético Oscar Giménez. Sin embargo, la distensión dura poco ya que el temor en su mirada, resulta tan creíble que hasta duele.

En este triángulo, los tres se complementan a la perfección; son víctimas y victimarios a veces -incluso- de ellos mismos y logran incomodar al espectador que, ocupa una butaca sobre el escenario convirtiéndose en testigo preferencial de esta tragedia.

Diálogos creados en los ‘60 que no pierden vigencia y que en la actualidad están más vivos que nunca. Aquí se ve claramente como el ser humano puede descender a los más bajos escalones de la decadencia. Muchos se sentirán identificados con el desamor y abandono que sufre Araceli o la necesidad de afecto de Masita e incluso la soledad del alma de Osmar. Porque todos -y de diferentes maneras- pudimos o aún podemos ser ellos; esas personas que pasan al lado nuestro en la calle y reciben la mirada de repulsión y la violencia del desprecio que en muchas ocasiones es más dolorosa que la provocada por un golpe de puño; esa mirada que nos abre de punta a punta como una navaja para sacar a relucir lo más desesperante del alma.

Navaja en la Carne reúne todos los condimentos para ser una obra que vale la pena no perderse; desde la impecable dirección de Antonio Leiva hasta las excelentes actuaciones de los tres artistas. Su estreno está previsto para los últimos días de febrero en el Teatro Empire, Hipólito Yrigoyen 1934, a metros del Congreso de la Nación.

Cronista Invita Patricia Asecas

Elenco:

Sandra Villarruel

Juan Pablo Rebuffi

Oscar Giménez

Dramaturgia: Plinio Marcos

Dirección: Antonio Leiva

Asistente de dirección: Max Koltai

Asistente de producción: Luciano Heredia

Luminotécnica: Lautaro Romano

Prensa y Comunicación: Laura Calle Rodríguez (CR&V)

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