Cementerio de la Recoleta – Recoleta – CABA

UN CEMENTERIO DE HISTORIAS
(Caminando por la Recoleta)

Un viaje por las bóvedas que guardan casi 200 años de la historia argentina.
Fue fundado el 17 de noviembre de 1822. En él hay ex presidentes, científicos, escritores y hasta un cuidador del cementerio que mandó a construir su propia estatua. La tumba más visitada es la de Evita.

Es 18 de noviembre de 1822 y el gobernador Martín Rodríguez ordenó ayer —el decreto lo firmó su ministro Bernardino Rivadavia— que la vieja huerta del Monasterio de los Monjes Recoletos pueda ser utilizada como cementerio para enterrar laicos. Para eso hay que tomar por la Calle Larga hasta el fondo y terminar aquí, en el flamante Cementerio General del Norte.

Si la muerte es un lugar común, el cementerio de la Recoleta es un destino rebelde: al menos salva a muchos de sus huéspedes eternos del olvido. Clásico y moderno, une prosapia, arte, turismo y leyenda en callecitas de baldosas que corren bajo la sombra de cipreses, araucarias y magnolias. Y que llevan al sentimiento o al glamour pero, seguro, a la Historia. Allí está Sarmiento. Y su odiado Facundo Quiroga (dentro de su monolito está el único cajón vertical de todo el cementerio, porque Facundo pidió ser enterrado de pie). El unitario Lavalle y el federal Dorrego, fusilador y fusilado de otro tiempo. Alem, Yrigoyen, Alvear y Bartolomé Mitre. Carlos Pellegrini y José Hernández. El boxeador Luis Angel Firpo y el Nobel Luis Leloir. Roberto Noble (fundador de Clarín), Victoria Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Remedios Escalada de San Martín, cuya bóveda de 1828 conserva la lápida que le encargó su esposo.

Naturalmente, son más que tumbas: casi dos siglos de la memoria de un país.
Borges predijo que estaría entre esas piedras —Estas cosas pensé en la Recoleta, en el lugar de mi ceniza, escribió en 1923—, pero está en Suiza. En Recoleta quedaron su madre y su bisabuelo.

Las tierras que hoy ocupa Recoleta pertenecían en 1604 al adelantado Ortiz de Zárate, que en un momento de apuro económico las canjeó por algunos trajes. Después cambiaron de dueño una y otra vez hasta que a principios del siglo XVIII los padres franciscanos de la recolección levantaron la iglesia del Pilar.

Cuando se decidió que la zona recibiera al primer cementerio laico de la ciudad, era sitio de marginales. Ahora abundan las bóvedas de apellidos ilustres, de familias patricias y millonarias. Pero no a todos los que están les sobraba el dinero. La pretensión de descansar por la eternidad en esos metros puede llevarse los ahorros de toda una vida. La muerte, allí, también puede ser un anhelo

Así lo entendió David Alleno, sereno del cementerio durante 29 años. Ahorró peso sobre peso y aguantó mil privaciones hasta lograr su obsesión: una estatua de sí mismo, vestido de cuidador, con moño y un enorme manojo de llaves en una mano, posando delante de una escoba y una regadera. Se hizo traer la escultura de Génova y la colocó, con la paciencia de un artesano, sobre lo que sería su tumba. Entonces sí, se murió. Y allí sigue, aferrado al manojo por los siglos de los siglos, arreglándoselas para provocar curiosidad entre tanta personalidad que lo rodea.

Hay bóvedas construídas en los estilos art nouveu y art déco, con variantes neoclásicas y góticas. Hay esculturas de Lola Mora y mausoleos imponentes. Una mirada aérea podría imaginar un tablero de ajedrez irregular: todas las bóvedas tienen una apariencia completamente blanca o completamente negra, con las excepciones de una columna en homenaje al almirante Brown, pintada en verde, y de una bóveda en estilo andaluz, donde el blanco juega con un amarillo chillón.
Hacia el centro de las cinco hectáreas y media —donde hay un Cristo de brazos abiertos mirando hacia la entrada principal— reina el silencio. Allí el promedio de entre 300 y 500 visitantes diarios —al menos la mitad, turistas extranjeros— sólo podría sobresaltarse con el gemido de alguno de los gatos que pasean tranquilos, desperezándose al sol o saltando de la lápida de Cornelio Saavedra a la de Guillermo Rawson. Pero en los extremos se cuelan el ruido del tránsito y la música de los bares de la calle Vicente López. Sobre ese sector —donde están Roque Sáenz Peña, Luis María Campos y Nicolás Avellaneda— llega un tenue olor a pizza flotando sobre los ángeles de piedra.

Hacia el paredón que da a la calle Azcuénaga, la línea de bóvedas se corta en un hueco sobre el que brillan los albergues transitorios a pocos metros de las bóvedas de Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen, José Figueroa Alcorta y Adolfo Alsina. La muerte en Recoleta es un lunar en el centro mismo de las luces de un pedazo grande de la noche porteña.

Dicen que la bóveda de la familia Duarte —donde además del de Eva hay otros seis ataúdes (el de su hermano Juan, dos hermanas y tres cuñados)— “tendría que ser más grande, por la importancia del personaje”. algo que no aconteció

No demasiado lejos de allí están las dos galerías con 7.000 nichos. Guillermo Vilas suele visitar el lugar para llevarle flores a su padre. En otra bóveda está Poli Armentano, asesinado en la puerta de su casa. Sus amigos lo homenajearon a su modo: pusieron en la entrada un pedazo de la alfombra del boliche Trumps.

Más allá comparten la bóveda Luis César Amadori, su mujer, la actriz Zully Moreno, y la vedette Susana Brunetti. “Por ella venía Olmedo, al menos una vez a la semana, a dejarle una flor”, cuenta Carlos Francavilla, historiador y guía del cementerio.

A las seis de la tarde se cierra el enorme portón que encierran historias, recuerdos, vidas pasadas, y todos aquellos que nos precedieron en el camino de la vida.

De otro lado el bullicio que no interrumpe el descanso de heroes e ilustres
La vida continúa del otro lado de la calle Junin….de éste lado tambien

Diego Weinstein

Direccion JUNIN 1760 caba

Visitas guiadas

-El Cementerio de la Recoleta ofrece visitas guiadas gratuitas sólo en español. De martes a viernes a las 11 y a las 14 h. Sábados, domingos y feriados, a las 11 h y a las 15 h. El recorrido dura aproximadamente una hora y es solo en español.

-El Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires también ofrece visitas guiadas por el barrio de Recoleta, incluido el cementerio.

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