Entrevista a José María Gómez Samela

Irupé Sesoí

La diva de la Epistemología

De José María Gómez Samela

A través de una entrevista, vemos a Irupé en su propio set. Una intelectual que narra la búsqueda de libertad como mujer, dentro de un contexto que le puso obstáculos. Sus elecciones personales, sus deseos, las consecuencias sociales y familiares, constituyen una vida, que en la escena se hace presente con afirmaciones y anécdotas sobre sexualidad, violencia e intelectualidad, llevándonos de viaje hacia una gran catarsis.

Componen la escena y el proceso afectivo, un actor y un músico que se complementan para el relato.

Con

José María Gómez Samela

Rodolfo Fito Lema

Dirección

Malena Bernardi

FICHA TÉCNICA

Dramaturgo y Actor: José María Gómez Samela

Música Original: Rodolfo Lema

Iluminación: Marcelo Fernández

Escenografía: Lola Gullo

Vestuario: Julieta Iribe

Fotografía: Pablo Gómez Samela

Diseño Gráfico: José María Barrios Hermosa

Prensa: Duche & Zarate

Tráiler: Charlie Bulsara

Logística: Erin Prilick y Nahuel Iair Vazquéz

Asistente de Dirección: Fernando Martínez

Producción Ejecutiva: José María Barrios Hermosa

Dirección: Malena Bernardi

Entrevista a José María Gómez Samela

¿Por qué decidiste ser artista?

Es mi forma de ser o estar en el mundo. La forma que fui descubriendo para comunicarme. Siempre desde niño percibía una energía especial en relación a otros, al entorno, al universo. Veía las cosas desde otro lugar, con otra sensibilidad. No era muy consciente, pero necesitaba poder expresarme. Alguien que me influenció fue Rosa, para mí la abuela Rosina. Mi abuela italiana tenía un aura especial, me contaba sus historias de viajes, me cantaba en italiano, narraba anécdotas increíbles, sobre personas, ella había hecho teatro de chica. Y yo viajaba a través de su cuerpo, movimientos, tonos de voz, sus relatos. Después recuerdo que siempre estaba creando, armando historias solo o con vecinos, amigos, jugando, coordinaba con mis primos y los hacía disfrazar, armar pueblos, personajes, y actuaba con ellos. Siempre íbamos al cine con mi hermano, primos, vecinos, era un viaje. Es muy loco, pero antes creía que era una especie de médium o alguien enviado para hacer algo importante, supongo que les debe pasar a varias personas. Luego me volví muy tímido, pero en la escuela siempre estaba presente en todos los actos patrios o manifestaciones artísticas. Siempre leía mucho de todo, libros, revistas, diarios, tenía necesidad de saber, descubrir, conocer, ir hacia lo desconocido. Me preocupaba por todas las cosas, personas, y alguna vez fantaseé con ser presidente para cambiar las cosas y que la gente pudiera estar mejor, vivir de una manera más equilibrada. De chico vi poco circo y teatro, pero disfrutaba y fantaseaba con ese mundo que después llegaría. Recuerdo que a los 8 años, estábamos de vacaciones con mi familia en la costa y mi papá me preguntó que quería ser cuando sea grande, yo dije actor o cura, obviamente, acá está el actor, aunque no estaba tan alejado porque se da un tipo de convivió similar en lo religioso y el hecho teatral. También recuerdo que ya con 12 años devoraba todo lo que podía leer o ver estando en mi querida ciudad de Corrientes, y les decía a mis viejos que quería ir a vivir a Buenos Aires. Cada vez que viajábamos por turismo o a visitar familiares, me quería quedar. Soñaba con esta ciudad, sentía que había nacido para estar acá, o en Nueva York o en Paris, que en este tipo de ciudad yo como librepensador podía fluir. Pero me decían que era chico, que era peligroso, y que más adelante se daría. Recién de adolescente gracias a mi Ramonita, mi mamá, me enteré que había un taller de teatro en Corrientes y comencé a estudiar y ver, hacer mucho teatro. Tenía 16 años y comenzaba otro viaje.

¿A qué edad nació esta pasión por la actuación que tenés y cuándo comenzó tu camino en la actuación? ¿Cómo fueron tus primeros pasos?

Creo que estuvo desde siempre, pero me gusta decir que fue cuando Carlos, mi papá me preguntó que quería ser y dije la palabra actor. Como decía más atrás tenía 8 años. A las 16 comencé a estudiar teatro en la Sala de la Biblioteca Mariño de la ciudad de Corrientes, con los maestros Angel Quintela y Dante Cena, ellos daban actuación, técnica del movimiento y de la voz. También a esa edad, un poco improvisado armé una pequeña obra con mis compañeros de colegio, donde un poco la dirigí, actúe, y la presentamos en un encuentro estudiantil. Después vinieron otros maestros como Gustavo Benítez, Karen De Micheli. Algunos de estos maestros me fueron dirigiendo y así dando mis primeros pasos en la actuación. Luego con un grupo de colegas fundamos el Grupo de Teatro Ambaí que hoy tiene 19 años y realizó mucha actividad en mi provincia y región. Después me vine a Buenos Aires en el 2000 y fue un desborde y aprendizaje enorme que me cambio la cabeza, cuerpo, percepción. Me formé en varias escuelas de actuación, maestros. Me metí con el cuerpo, la danza, lo físico. Trabajé como actor, asistente, productor, director, modelo, performer, bailarín, profesor, y de cosas que no tenían nada que ver con lo artístico pero me ayudaron a crecer. Con las crisis, fui y vine varias veces  y alterné el vivir entre Corrientes y Buenos Aires. Formándome e intercambiando en varios lugares, hasta que decidí quedarme en Baires.

¿Tus padres te apoyaron en este camino artístico?

Mis padres tienen otras profesiones más convencionales y por su idiosincrasia, al principio temían que no pudiera tener una vida normal o sustentable. Pero con el tiempo fueron comprendiendo y me apoyan. Siempre estoy y estaré muy agradecido con ellos, porque me acompañan en mis locuras.

¿Qué opinas de las escuelas de música o actuación que hay en la actualidad?

En principio creo que uno es artista, aunque no haya transitado una escuela o universidad. Pero también coincido en que casi todos podemos formarnos como artista. Yo que tuve la oportunidad de formarme, lo recomiendo siempre. Todo conocimiento nuevo siempre suma, abre posibilidades, intercambios, crecimiento. Permite una evolución en el propio arte. Y siempre estaremos aprendiendo, hasta que llegue el fin de nuestra vida. Por otra parte, creo que en Buenos Aires, hay una amplia oferta, existen espacios públicos y privados, sean estos formales o no formales, que son muy buenos, con tremendos artistas, de gran calidad. Vienen personas de todo el mundo a formarse acá. Hay una gran variedad y para todos los gustos. Y depende de la búsqueda personal de cada artista. Aunque también es claro que hay varios espacios que son puro marketing, fachada, quiosco, negocio y desorientan a los que van tomando sus primeras herramientas. Creo que a la hora de elegir hay que estar muy atento, indagar, buscar, pero eso no quita que nos podamos equivocar en la elección, y si es el caso será un aprendizaje para continuar el complejo camino del artista.

¿Estudiaste en alguna escuela de actuación o música?

Sí, me formé en Actuación en la Escuela de Teatro de Buenos Aires (ETBA), de Raúl Serrano. Y en la Diplomatura en Dramaturgia del Centro Cultural Paco Urondo-Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Tuve maestros de actuación como Javier Daulte, Eugenio Barba, Guillermo Cacace, Manuel Vicente, Marco Berger, Nora Moseinco, Mónica Bruni, Guillermo Angelelli, entre otros.

¿Cuantos años ya llevas arriba de los escenarios?

Arriba de los escenarios estoy desde chico, pero prefiero contar desde la adolescencia que se comenzó a hacer más profesional. Y van 22 años.

Me imagino que en estos años debes tener varias anécdotas ¿Cuál es la que más recordás, que hoy nos puede robar una sonrisa?

Me acuerdo muchas. No sé si para robar una sonrisa, pero es intensa y fue un tiempo muy feliz. Recién se me vino a la mente una competencia en un festival de teatro en Corrientes. Estábamos en el Teatro Oficial Juan de Vera, haciendo “El Grito del Silencio” con mi compañero y amigo Fernando Martínez. Era el cierre del evento y después el jurado definía que obras iban a representar a la provincia en una Fiesta Nacional. Nos habían llegado comentarios que se sabía la posible ganadora y que no querían que participemos. Pero nosotros quisimos participar porque era una manera de compartir nuestro arte con los colegas y otro público. Esa función tuvo mucha intensidad, tensión, se sentía la presión, como si fuera un partido de Argentina en un mundial. Con mucha pasión pusimos todo, falló algo de las luces, pero se vibró con el público. Con mi compañero y el equipo de mi querido grupo Ambaí, quedamos agua de transpirar y lo dimos todo. Al final el público aplaudió de pie a rabiar, había unas 700 personas en la sala. Y fue un momento muy feliz. Al salir, todo el mundo nos abrazaba, felicitaba y decían que teníamos que ganar. Nos apuraron para que el público se vaya rápido y el jurado tardo mucho en decidir porque al parecer rompimos lo que se tenía pautado. No ganamos, pero me dieron un reconocimiento como actor. Fue muy comentado antes, durante y después, y se hicieron muchos chistes al respecto. Al girar con la obra por afuera, no entendían porque no habíamos ido a representar a la provincia. Más allá todo, recuerdo la vibración de la escena, la gente, agradezco a mis colegas y al público de mi provincia por el reconocimiento, ya que fue un momento muy feliz para mí. Después Fernando y yo nos regresamos a Buenos Aires y repusimos la obra con un alto equipo, en su versión porteña, en teatro El Extranjero.

¿Qué les dirías a quienes te lean acerca de los sueños que tienen de ser alguien en la vida?

Que lo central es creer y confiar en uno mismo. Hacer caso al  instinto, a la pulsión, a las señales que te da la vida. No forzar las cosas. Luchar por los sueños, sea lo que sea. Atravesar el fracaso una y otra vez y volver a intentarlo. Trabajar la resiliencia con uno mismo. Que hay que cultivar mucho la paciencia, espera, la escucha. No hay que creérsela nunca. Cuando se desea con intensidad todo se da, pero lleva tiempo y es trabajo y más trabajo. No hay una fórmula mágica, y todo ayuda, estudiar, formarse, trabajar, relacionarse. Y sobre todo disfrutar del camino, de las personas con las que compartimos y amamos, que nos ayudan a continuar, esa es la clave. Eso da felicidad, el disfrutar de las pequeñas cosas, los pequeños logros, lo demás llegará, pero hay que estar en el presente. Tratar de estar lo más posible, a pesar que la vida acelerada a veces no te permite detenerte, pero intentarlo y respirar, gozar todo lo que se pueda. Hoy estamos, mañana no sabemos, entonces, nada tiene sentido si hoy no hago algo que me haga sentir bien a mí y a otros. Por lo menos lo veo así, y pongo todos los días un granito más para que así sea.

¿Qué actores jóvenes te han llamado la atención últimamente?

Hay varios. Se me vienen a la mente, Guido Botto Fiora en la obra “Como si pasará un tren”; y Tupac Soler en “Mi Hijo solo camina un poco más lento”. En audiovisual Maite Lanata en 100 días para enamorarse. Hay muchos y muchas por suerte, trato de ver todo lo que puedo, pero sobre todo me conmueven y llaman las historias mínimas, el drama humano, donde se abre una luz, el vacío.

¿Con quién te hubiera gustado o gustaría actuar?

Me hubiera encantado actuar con Alejandro Urdapilleta, Alfredo Alcón. Me encantaría con muchos y muy buenos, Humberto Tortonese, Antonio Gasalla, Carlos Portaluppi, Verónica Llinás, Rodrigo de la Serna, Paola Barrientos, Érica Rivas, etc.

¿Cuál es el nombre de la obra en la que estas actuando en estos momentos?

Estoy actuando en “Irupé Sesoí, la diva de la Epistemología” de la cual soy el autor, con la dirección de Malena Bernardi y música en vivo de Rodolfo Lema. Todos los miércoles a las 20:30 en La Pausa Teatral. Además sigo en cartel con “Las Tres Hermanas” de Chejov y con la dirección de Manuela Serrano Bruzo. Y se vienen dos work in progres de obras que estarán el año que viene: “La Resistencia Termal” bajo la dirección de Federico Grinbank y “Los Quienes” de Paula Amarilla.

¿Qué personaje te toca hacer?

En la obra que escribí soy Irupé. Una socióloga, que se vino del interior y que siempre soñó con aprender, conocer, trascender. Hoy es una intelectual en su búsqueda de libertad como mujer, y es una entrevista donde habla de todo y las consecuencias sociales y familiares que pasó por su elección.

¿Qué sentís cuando estás en un escenario?

Hay algo de espiritual, de trascendencia que no tiene explicación. En algunas ocasiones siento correr energía por todo el cuerpo, vibrar. Un fluir continúo, perderme. Ese mágico momento presente, único e irrepetible, en el que estoy perdido, mareado, no tiene precio. Aunque la historia sea la peor de las tragedias, es de un placer enorme, y como actor apasionado lo doy todo para tratar de conectar con ese momento. Esos momentos en los que el actor se pierde y vive con intensidad la escena, es cuando para mí se convierte en médium y la obra de arte se hace carne, vibra en comunión con el público.

¿Crees que el arte escénico es importante en nuestras vidas? ¿Por qué?

El arte escénico es muy poderoso y existe desde que existe el hombre, sea teatro o danza, performance. Como venía diciendo permite la conexión entre lo trascendente y lo terreno, entre lo apolíneo y lo dionisíaco. Permite abrir cabezas, pensar, reflexionar, emocionarse, y liberar cuerpo, mente, espíritu.  Por tal motivo, en distintos momentos de la historia de la humanidad se lo intentó censurar. Pero nunca va a dejar de existir, porque nos permite ser, sanar, compartir y ver más allá de lo visible.

¿El nombre de esta página es La Bitácora del Artista, como tal, qué es lo que guardarías en la Bitácora para que otros visitantes vean?

La confianza y fe un uno mismo, que es la clave para cualquier movimiento o proyecto de vida. La paciencia, tolerancia, escucha, observación, respeto y diálogo con los otros. El cultivar la percepción y el arte para ser personas más nobles.

¿Qué les dirías a las personas a las que no le gusta actuar, cantar o ninguna actividad artística?

Que se den alguna vez la oportunidad de al menos observar una obra de arte o manifestación artística. Que seguramente alguna resonancia tendrán y esa es una mecha que se enciende y nos conecta como seres humanos. Que si no desean cultivar o apreciar arte, puedan comprender que hay arte en todo lo que el ser humano emprende, por ejemplo el arte de salvar vidas que llevan adelante los médicos, el arte de sanar que puede guiar un psicólogo, el arte del construir un edificio para una arquitecta. Que si trabajan con pasión cada uno estará creando y en la creación hay arte.

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