Con el alma desnuda (Critica)

Con el alma al desnuda

Madre Amadísima, con Oscar Giménez comienza la gira el 1° de septiembre en Espacio Tole Tole Teatro.

Por Laura Calle Rodríguez

 

Siempre creí -y aún hoy lo pienso- que para subir a un escenario se necesita esa cuota de pasión y de toque personal que la da la impronta del actor, cosa que suele aprovechar a su antojo. Pero en un unipersonal, además es necesario añadir bastante más que eso… Es uno frente al resto; es un alma contra muchas otras que observan como quien se acerca a una jaula en el zoológico. Lo observan. Se meten en la historia que cuenta. Lo juzgan.

 

Para que el resultado sea el esperado es necesario un buen texto, un director capaz de que ese guion cobre vida y un actor a la altura de este desafío. En Madre Amadísima todo está concatenado para que se llegue al fin esperado. Un texto exquisito del español Santiago Escalante, una dirección impecable de Daniel Cinelli y la majestuosa actuación de Oscar Giménez permiten ser parte y vivir desde adentro ese paisaje de completa desolación.

 

Alfredito, un costurero que viste con un amor infinito a una virgen, en lo que podría ser la antesala de una capilla, al sur de España mientras dialogan y se cuentan sus vidas. A decir verdad sólo él conversa, mientras hace un racconto de los años vividos, por momentos da la sensación de obtener respuestas de la virgen a la que arropa minuciosamente entretanto su alma se va desvistiendo a medida que relata sus desdichas, y a pesar de buscar convertirlas en experiencias divertidas no se percata -o tal vez sí- su tristeza se va colando por sus poros.

 

La soledad, el desamparo, ese grito mudo de ayuda -con algo de reclamo a su madre y a su padre- que ya nadie parece oír provocan empatía hacia este pobre costurero que no puede escapar al inexorable paso del tiempo y a un amor que jamás podrá olvidar; esos amores que no son como los que imaginábamos cuando la juventud nos dominaba, llenos de esperanza y con un futuro entero por delante. Enamorado de otro hombre, en un pueblo y una época equivocada, la suerte hace tiempo fue echada y ya ni la virgen ni él mismo parecen tener vida. Sólo se diferencian porque Alfredito aún respira y, a pesar de su intento por recodar y analizar lo malo con una cuota de ironía y superación, su desolación es tan fría como la capilla que probablemente conocerá sobradamente la historia.

Giménez da una clase magistral de actuación, y logra conmover y hacer reír casi con la misma intensidad. En Madre Amadísima no importan más que ellos dos, es una sesión de psicoanálisis abierta al público y en la que la virgen oficia de analista. Es la soledad absoluta, es la tristeza de lo que no pudo ser, y por eso no hacen falta más que algunos detalles de escenografía y el vestuario acorde a la confesión y a las diferentes etapas de la vida que se van narrando.

 

Madre Amadísima se presentó en 2017 por más de siete meses y en 2018 otro tanto en el teatro Buenos Aires. Ahora, el 1° de septiembre a las 21 horas comienza una gira en el Ciclo Unipersonales en Espacio Tole Tole Teatro, Pasteur 683. Una nueva oportunidad para poder reír, emocionarse y hasta sentirse identificado. Todo esos sentimientos juntos sólo pueden lograrse por la precisa dirección de Cinelli, quien no dejó ningún detalle librado al azar y al multifacético Oscar Giménez, capaz de emocionar hasta las lágrimas y provocar carcajadas en la escena siguiente. Brindo por ellos. Brindo por el talento, por la entrega, por este arte maravilloso del teatro y por permitirnos seguir disfrutando de esta magia.

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