Entrevista a Patricia Palmer

Desde el sábado 2 de junio

En el Teatro Taller del Ángel

 

“La mente, esa máquina sutil y creadora, tan lábil y factible de desquicio. Cuál es su motor? Qué enciende ese engranaje? Cómo se ilumina y se perturba su mecanismo? Todo está en la mente.”

 

Mujeres que cocinan con huevos

De Patricia Palmer

¿Cómo te surgió la idea de llevar esta obra a escena?

Todo en mi vida surge desde una profunda necesidad. Escribí esta obra a partir de un hecho real cuya protagonista me tocó de cerca. Pienso que la violencia de género es algo tremendo que, a vistas de las estadísticas, nos atañe cada vez más, como sociedad debemos hacernos eco de una realidad que avanza y amenaza  no sólo a las víctimas sino a su entorno. Creo que el humor es un vehículo inteligente y amable para la provocación y la reflexión pero en este tema se hacía difícil encontrar un material que no bajara línea y no fuera solemne ni trágico, por lo que decidí escribir a riesgo de todo fallo. Por otra parte no soy partidaria del teatro panfletario o de “mensaje”, creo que el objetivo del arte es provocar no levantar el dedo índice acusando ni sintiéndose dueño de la verdad ya que la verdad es siempre relativa y lo que es blanco puede ser negro dependiendo de su contexto. Rechazo los textos que bajan línea o me invitan a pensar de tal o cual manera. Prefiero el sacudón, eso que hace que algo despierte y se ponga en actividad en algún lugar de mi ser, el teatro como muestrario de una situación en donde todos tienen su verdad para que yo pueda, como espectador, decidir cuál es la mía.

Afortunadamente salió “Mujeres que cocinan con huevos” que es una obra que el público aplaude de pie, se emociona y agradece además de reírse casi todo el espectáculo. No sé bien como fue pero aquí está.

¿Cuál fue el mayor desafío al momento de empezar a armar las distintas partes de la obra y cómo fue la selección de las actrices que la representan?

El mayor desafío fue proponerles a las actrices hacer humor con un tema tan doloroso, que comprendieran el código de la puesta y del texto, algo surrealista, pero no por ello menos verosímil. Todo sucede en la mente de uno de los personajes, entre lo absurdo, lo real y lo onírico, ese límite era difícil de encontrar, de conseguir, yo misma no sabía dónde estaba, tenía clara la sensación pero no como plasmarlo, el teatro es un trabajo de equipo, nada se tiene claro hasta que no nos embarcamos todos juntos en la misma aventura.

Hicimos un casting para tener actrices que fueran lo más parecidas a cierto prototipo de la mujer real, cotidiana, la del subte, la del súper, la empleada de banco, de la oficina pública, la mujer ama de casa, la mujer profesional y la sexy de pensamiento más libre, distintas mujeres todas mezcladas,  las que habitan en una sola.

¿Qué sensación tenés ahora que ves el resultado de la obra terminada?

Nunca pensé que la obra tuviera la repercusión que logró, lo hice simplemente como una necesidad de expresar algo que me urgía pero sin la expectativa de que fuera vista y mucho menos elogiada, sabía que era un riesgo grande, que podía tener un costo alto, pero necesitaba hacerlo igual. Ahora con la obra terminada la sensación es que cuando uno hace las cosas desde el corazón alguien te ayuda desde algún misterioso hemisferio y en un momento, el menos esperado, todo se encamina hacia un objetivo claro y preciso.

Básicamente y sin contarnos el final de la historia ¿Qué nos cuenta la obra?

La obra nos cuenta en principio un íntimo universo femenino, “la cocina de la mujer”, y dentro de eso la historia de una que por amor, por baja estima, soledad, inseguridad y también por estigma social cae en las garras de la violencia.

Tanto sean víctimas  como verdugos, en ambos casos creo que los dos son víctimas de la violencia. Lo que violenta es lo que irrumpe en la armonía, algo que quiebra el equilibrio, también la indiferencia, el hambre, el autoritarismo. Eso está en la obra, la violencia es un juego que necesita varios jugadores, la violencia está en los huevos, en el origen de todos, varones y mujeres, la diferencia es que la del varón mata con mayor frecuencia. Es producto de una sociedad agonizante en la cual la educación, que es el único antídoto, es un valor que se encuentra en baja.

¿Cómo fue ese paso de la actuación a la dirección?

Comencé mis estudios de dirección teatral de la mano del maestro Rubén Szuchmacher con quien estudié tres años (2001-2004), luego de lo cual realicé varios cursos de perfeccionamiento (Juan Carlos Gené, entre otros), desde entonces dirigí varias obras, siempre en el off que es el ámbito experimental que me permite explorar diferentes lenguajes sin la presión del resultado. El teatro es el faro desde donde miro la vida, desde allí puedo echar luz para comprender (o intentar hacerlo) mi propia alma y a partir de ahí  la de los otros.

No siento que pasé de la actuación a la dirección, pasar de un lado a otro sería como dejar atrás algo, son actividades diferentes, experiencias enriquecedoras y nutritivas de un mismo arte que no sólo pueden convivir amorosamente sino que además se complementan, así como la dramaturgia y la música, que también forman parte de mi formación y de mi vida cotidiana.

Me imagino que después de estos años arriba de un escenario debe haber un tipo de obras teatrales que te gustan más que otras… ¿Cuáles son tus preferidas para actuar y cuáles para dirigir?

No tengo preferencias, no conscientemente por lo menos, cada día siento que recién comienzo en esta profesión, en esta vida, hago lo que me dicta el deseo, eso sí lo he aprendido quizá con el tiempo, el material que me provoca a abordarlo es el indicado, no importa el género ni el autor ni el ámbito, sólo el deseo es mi guía. Como en el amor. Cuando me preguntan “qué condición tiene que tener un hombre para enamorarte” siempre digo: Una sola: que me enamore.

Actuar, dirigir, escribir, cantar, enseñar, son diferentes amantes que me hacen feliz según venga el deseo y trato de escuchar mi interior para satisfacerlo.

Soy apasionada y ellos me siguen con su pasión, no me importa el resultado, disfruto mucho del tránsito, casi diría que cuando se terminó el proceso creativo terminó el orgasmo. Por suerte siempre se puede volver a empezar.

 

Funciones: Sábados de junio y julio a las 20 horas

Localidades: $ 250.- Estudiantes y jubilados: $ 200.-

Teatro Taller del Ángel – Mario Bravo 1239 / 4963-1571

 

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