Mal de Alzheimer I

Mal de Alzheimer I

¿Qué es?
¿Cuáles son sus causas?
¿Qué consecuencias conlleva?

Dr. Juan Moisés de la Serna


Prefacio

¿Qué es?, ¿Cuáles son sus Causas?, ¿Qué Consecuencias conlleva?: Descubre
todas las claves de la Enfermedad de Alzheimer.
El Alzheimer es una enfermedad que se ha visto incrementada en cuanto al
número de casos afectados en los últimos años, lo que a su vez ha provocado que
surjan muchas preguntas cuando una persona o a un familiar recibe el
diagnóstico, tales como, ¿Qué es el Alzheimer?, ¿Cuál es su origen?, ¿Existe
tratamiento?, ¿Cómo evoluciona la enfermedad?, ¿Qué consecuencias acarrea en la
vida cotidiana?, ¿Cuáles son los efectos psicológicos sobre el paciente?, ¿Se
puede superar?, ¿Se trasmite a los hijos?
Se abre así todo un crisol de cuestiones que tratar para aplacar la
incertidumbre que provoca enterarse de que se padece una enfermedad cada vez
más “común” y extendida, y de la que apenas se conocen sobre los
últimos avances científicos en esta área, debido en buena medida a la
complejidad del lenguaje técnico empleado, pero también porque estos avances
suelen llegar sólo a especialistas a través de reuniones y congresos donde se
comparte este tipo información.
Objetivo:
El objetivo del e-book es servir de primera aproximación a aquellas
personas que tengan en sí mismo o dentro de su familia la enfermedad de
ALZHEIMER y también apunta a una mejor calidad de vida y la de sus familiares.
La prevención es un pilar fundamental a tener en cuenta en este orden de
patologías ya que afecta el funcionamiento del orden familiar y sus formas de
contención son factibles si se naturaliza la misma como técnicas específicas
que puede brindar el C.P.P o Vida Activa de P.A.M.I.
De allí surge la inquietud de este libro y está inspirado en las nuevas
formas de consideraciones de la vejez.
Este libro trata de presentar de forma clara los resultados de las últimas
investigaciones sobre la enfermedad de Alzheimer, con lo que contestar tres
cuestiones fundamentales, tanto desde el punto de vista del paciente como de
sus familiares, empezando por la principal ¿Qué es el Alzheimer?, ¿Cuáles son
sus Causas? y ¿Qué Consecuencias conlleva en la vida del paciente y de sus
familiares?
Destinatarios:
– Profesionales de la salud que se tienen que quieren profundizar en el
diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Alzheimer.
– A profesores que quieren ofrecer información actualizada a sus alumnos
sobre la enfermedad de Alzheimer.
– A cualquier persona que haya recibido el diagnóstico de la enfermedad de
Alzheimer y a sus familiares para que sepan qué hacer ante esta enfermedad.
-A profesionales de la salud sin que exista infantilización del adulto
mayor.
-A familiares de afiliados con este orden de patologías.
-A todo aquel que sienta puede y se siente con la responsabilidad de hacer
del malestar (enfermedad) vías de mejor calidad de vida.
Temática
A continuación, se detallan cada uno de las temáticas principales de esta
obra:
– Definiendo el Alzheimer: A pesar de lo mucho que se ha oído hablar sobre
el Alzheimer todavía es un gran desconocido para muchos.
– Causas el Alzheimer: Descubra el origen del Alzheimer, para conociéndolo
mejor poder prevenirlo.
– Consecuencias del Alzheimer: Tanto para la vida de la persona que recibe
el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, como para sus familiares.
El Alzheimer ha llegado, se coló en el hogar
Nadie le ha invitado, pero se va a quedar.
Poco a poco la memoria, el enfermo va a perder
ayudarle con cariño, es lo que hay que hacer.
El cerebro está dañado, no se puede evitar
olvidará el pasado, tú le puedes ayudar.
Tratándole con cariño, y dándole mucho amor
no le regañes, no quiere, crear esa situación.
El olvido de las cosas, angustia provocará
evítale lo que puedas, así le ayudarás.
El amor que le estas dando, mucho a él le gustará
sus ojos te están mirando, así te lo expresará.
— AMOR —


 



Agradecimientos

Introducción.
A INSSJP , antes
a sus afiliados.
Capítulo 1. Alzheimer.
Una de las realidades innegables de la vida es que
esta va avanzando cada día, y que en algún momento de futuro se detendrá. Dos
son las fechas que van a acompañar a la lápida cuando se fallece es la del día del
nacimiento y la del fallecimiento.
Entre medias, se va a desarrollar la vida, con
todas sus alegrías y tristezas, con todas las oportunidades e inconvenientes.
Todo el mundo desea tener una larga vida, y si es
con los seres queridos al lado, mejor todavía.
Pero a medida que van pasando los años, las
fuerzas flaquean, las capacidades y habilidades ya no son lo que eran, y poco a
poco se va siendo menos capaz para algunas actividades, pero si hay un mal que
se teme más que la propia muerte, es a la enfermedad, sobre toda si esta es
dolorosa.
Pero aún más temido que el dolor está el Mal de
Alzheimer, también conocido como la enfermedad de Alzheimer.
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa,
esto es, que afecta principalmente al cerebro y que éste va a ir perdiendo sus
funciones de forma paulatina.
En concreto se produce por la aparición de
determinadas células como son las placas seniles y ovillos neurofibrilares, que
se van a ir acumulado dentro del cerebro, provocando una pérdida progresiva de funcionalidad,
de las cuales, la más evidente es el deterioro de la memoria.
La denominación de esta enfermedad se debe a su
descubridor el psiquiatra Alois Alzheimer quien en 1906 fue el primero que
recogió por escrito lo signos y síntomas de esta enfermedad. Hay que
diferenciar las consecuencias de esta enfermedad en la progresiva pérdida de
memoria de lo que es debido al simple paso del tiempo, y a una edad avanzada,
igualmente hay que explorar para descartar que existen otras patologías que
puedan explicar estos problemas de memoria.
<<Es una enfermedad
neurodegenerativa de inicio insidioso y curso progresivo que se caracteriza
clínicamente por producir una demencia y anatomopatológicamente por ovillos
neurofibrilares intraneuronales y placas de amiloide extracelulares.
Centro de Referencia Estatal del
Alzheimer>>
Seguramente si has tenido ocasión de preguntar a
las personas de mediana edad, sobre su mayor miedo con respecto a la salud,
estos te habrán comentado que el padecer Cáncer, es lo peor que les podría
pasar.
A pesar que actualmente se han realizado muchos
avances en cuanto a la prevención y tratamiento del cáncer, esta sigue siendo
una enfermedad mortal, en un porcentaje, que cada vez va siendo menor. Además,
siempre queda la duda de la posibilidad de una “recaída” con la
reaparición del cáncer y sus consecuencias.
Cuando los años avanzan, próximo a los sesenta, si
se vuelve a realizar la misma pregunta, sorprendentemente el Cáncer se
convierte en segunda causa de temor sobre el padecimiento de una enfermedad.
En primer lugar, aparece el Alzheimer, como la
enfermedad más temida.
A diferencia de la enfermedad de Cáncer, el
Alzheimer no produce un deterioro físico tan importante a corto plazo, ni
acorta la vida tan rápidamente como el Cáncer.
Pero a pesar de todas las razones, si hay que
comparar, las personas mayores temen más al Alzheimer, por las implicaciones
cognitivas que conlleva.
A medida que se envejece, se va a ir perdiendo a los
seres queridos, primero los padres, tíos, luego hermanos, compañeros e incluso
la pareja.
A todos se va sobreviviendo, pero de todos se queda
algo, el recuerdo de lo que fueron, lo que compartimos con ellos, algo que se
convierte en el más preciado tesoro de una persona mayor, más incluso que todas
las posesiones, títulos u honores que pueda recibir.
Pero ese tesoro se ve en peligro por la
posibilidad de padecer la enfermedad de Alzheimer.
Pensar en que poco a poco se va perdiendo los
recuerdos, llegando a olvidarse de quién es uno mismo, es la peor de las
“pesadillas” de un anciano, mucho pero que cualquier otra enfermedad,
e incluso que el Cáncer.
Para evitar estos miedos sería adecuado
implementar campañas de información, explicando sobre la realidad del
Alzheimer, cómo este afecta a un pequeño porcentaje, y sobre los grandes
avances que se están haciendo en cuanto a la detección temprana y tratamiento
se refiere.
La enfermedad de Alzheimer tiene la característica
de irse extendiendo por las distintas regiones cerebrales, lo que va a tener
progresivas consecuencias en el modo de pensar, sentir y comportarse la
persona, empezando por la pérdida de memoria.
Estos cambios van a conllevar, con el tiempo, a
importantes deterioros en las capacidades para el desempeño del día a día del
paciente, afectando tanto a su calidad de vida, como a su independencia. Esta
enfermedad se encuentra dentro del grupo de las demencias, definidas estas como
la pérdida de funciones que la persona ya había desarrollado, ya sea del habla,
el pensamiento o la memoria.
<<La enfermedad de Alzheimer. Este
es el tipo más común de demencia, causando aproximadamente la mitad de todos
los casos. Lleva el nombre del médico que lo describió por primera vez. En la
enfermedad de Alzheimer el cerebro se encoge (atrofia) y el número de fibras
nerviosas en el cerebro se reducen gradualmente. La cantidad de algunos
productos químicos del cerebro (neurotransmisores) también se reducen, en
particular, uno llamado acetilcolina. Estas sustancias químicas ayudan a enviar
mensajes entre las células cerebrales. Pequeños depósitos llamados placas
también se forman por todo el cerebro. No se sabe por qué ocurren estos cambios
en el cerebro, o exactamente cómo causan demencia. La enfermedad de Alzheimer
progresa gradualmente (empeora), con el tiempo el cerebro se vuelve más y más
afectado.
Dr. Quazi Imam, Director Médico del
Hospital Arlington Memorial de Texas (EE.UU.)>>
Hablar de Alzheimer es hacerlo de pérdida de
memoria, de hecho, los propios familiares cuando ven que la persona mayor
empieza presentar olvidos frecuentes, sugieren que se realice un chequeo para
descartar este mal.
Pero la pérdida de memoria, ni es el único
síntoma, ni tiene porque ser el primero en aparecer en la enfermedad de
Alzheimer, ya desde hace años se ha descubierto que inicialmente se pueden
presentar cambios emocionales y de comportamiento, que a veces se pueden
confundir con alteraciones asociadas a la edad, de hecho, y tal y como se verá
en el apartado correspondiente, existe cuestionarios para la detección temprana
del Alzheimer, que buscan precisamente estos cambios, y no tanto la alteración
de la memoria, tal y como es el caso del N.P.I. (Neuropsychiatric Inventory). Esta
enfermedad tiene un inicio “silencioso”, y no es hasta después de 10 o 20 años
aproximadamente cuando los problemas de memoria se muestran como el síntoma más
evidente.
Son numerosos los factores implicados en el
empeoramiento de esta enfermedad, teniendo además en cuenta que en la mayoría
de los casos se produce en personas de avanzada edad, por encima de los 60
años, lo que une los achaques de la edad con los de la enfermedad, todo ello
junto va a ir en detrimento de la calidad de vida.
La enfermedad de Alzheimer está dentro del grupo
de las demencias, donde además se encuentran la enfermedad de Pick, la demencia
por cuerpos de Lewy, todas ellas conformando las demencias primarias.
Existe otro grupo, denominado demencias
secundarias, cuyos efectos son consecuencia de sufrir otras enfermedades, como
problemas vasculares, hipotiroidismo, deficiencias en vitamina B6 o tumores
entre otros, pero ¿Es la enfermedad de Alzheimer la peor de las demencias
posibles?
Esto es precisamente lo que se está investigando
desde el Instituto Karolinska, el Hospital Universitario Karolinska (Suecia),
el Hospital Universitario Stavanger (Noruega) y Centro de Investigación
Internacional y Hospital Universitario Santa Ana (República Checa) cuyos
resultados han sido publicados en la revista científica Alzheimer’s Research
& Therapy.
<< La demencia es la forma más grave
de problema de memoria. La demencia es una enfermedad del cerebro que causa una
pérdida gradual de la capacidad mental, incluyendo problemas con la memoria, la
comprensión, el juicio, el pensamiento y el lenguaje. Además, otros problemas
se desarrollan comúnmente, tales como cambios en la personalidad y en la forma
en que una persona interactúa con otros en situaciones sociales. Como la
demencia es progresiva, la capacidad de una persona para cuidar de sí misma
cada día también puede llegar a ser afectada.
Dr. Quazi Imam, Director Médico del
Hospital Arlington Memorial de Texas (EE.UU.)>>
Los investigadores comentan sobre la existencia de
cierto desconocimiento por parte de la población general, pero también de
grupos de investigación con respecto a otras demencias, especialmente con la de
los cuerpos de Lewy, considerado como clínicamente más complicado y que
requiere de mayor atención por parte de familiares y cuidadores, y para
comprobar su gravedad han propuesto analizar los factores que influyen en la
enfermedad de Alzheimer frente a la demencia por cuerpos de Lewy.
En el estudio participaron nueve mil setecientos
noventa y cinco pacientes con una edad media superior a los 70 años, de los
cuales el 60% eran mujeres, donde el 93,5% tenían diagnóstico de la enfermedad
de Alzheimer y el restante de D.C.L, todo ellos procedentes del Registro
Nacional de Pacientes de Suecia entre los años 2007-2012.
A todos los participantes se les realizó sucesivos
diagnósticos buscando la presencia de otras psicopatologías aplicando el
cuestionario estandarizado sobre demencias denominado C.I.E.-10 (siglas en
español de International Classification of Diseases versión 10), donde además
se constata la presencia o no de depresión, ansiedad, trastorno del
comportamiento, trastorno afectivo bipolar, problemas de sueño, hemorragias
cerebrales, epilepsia, migrañas, accidentes cardiovasculares o dolor de cabeza
entre otros.
Los resultados muestran diferencias significativas
con peores resultados para los pacientes con D.C.L frente a los que tienen la
enfermedad de Alzheimer, donde los primeros suelen tomar más medicación, además
de sufrir significativamente mayor incidencia de depresiones, migrañas y
derrames cerebrales. Todo ello va a hacer que se incrementen los efectos
negativos en los pacientes con D.C.L. tanto en la salud física como mental.
<<La D.C.L. (Demencia con Cuerpos de Lewy)
es un tipo de demencia que comparte síntomas con la enfermedad de Alzheimer y
la enfermedad de Parkinson. Se puede dar alrededor del 10% de todos los casos
de demencia. D.C.L. tiende a ser diagnosticado erróneamente como otras
enfermedades (es decir, D.C.L. se diagnostica poco). Los síntomas que
experimenta una persona dependerá en parte de donde se encuentran en el cerebro
los cuerpos de Lewy.
– Cuerpos de Lewy en la base del cerebro están
estrechamente vinculados a los problemas con el movimiento (síntomas motores).
Estos son la principal característica de la enfermedad de Párkinson.
– Cuerpos de Lewy en las capas exteriores del
cerebro están vinculados a problemas con la capacidad mental (síntomas
cognitivos), que son característicos de la D.C.L.
Problemas con el movimiento y los cambios en las
capacidades mentales pueden ocurrir juntos. Alrededor de un tercio de las
personas diagnosticadas con la enfermedad de Parkinson eventualmente pueden
desarrollar demencia (enfermedad de Parkinson con demencia).
Del mismo modo, al menos, dos tercios de las
personas con D.C.L. desarrollan problemas de movimiento en algún momento.
Los síntomas de la D.C.L. y la enfermedad de
Parkinson con demencia se vuelven más similares a medida que progresan. Juntos
se conocen como demencias con cuerpos de Lewy.
Dr. Quazi Imam, Director Médico del Hospital
Arlington Memorial de Texas (EE.UU.)>>
Pero si algo llama la atención con respecto a la
enfermedad de Alzheimer, es la baja eficacia de los tratamientos que se han
desarrollado en algunos pacientes.
Algo que ha sido tratado de explicar por la edad
avanzada de los pacientes, o por lo presencia de otros trastornos, como los
coronarios, que a su vez precisan de medicación, la cual a veces puede ser
incompatible con la recetada para la enfermedad de Alzheimer.
Otros autores argumentan que existen tantas
diferencias entre los pacientes con Alzheimer, que hay que atender a cada caso
en particular, no pudiéndose realizar generalizaciones en cuanto al
tratamiento, y de ahí la escasa eficacia de un medicamento válido para todos.
Pero tal y como ha sucedido con otras
enfermedades, a medida que se conocen nuevos datos, sobre cómo evoluciona una
enfermedad, pueden establecerse distintos subtipos, cada uno de los cuales, con
características propias, a pesar de compartir el mismo núcleo sintomático.
Una tendencia que no se respeta en todos los
casos, ya que con la última reforma del D.S.M.-V (siglas en inglés de Manual
Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, actualmente en su versión
quinta), lo que eran tipos de trastornos del desarrollo bien diferenciados, se
aunaron bajo un mismo epígrafe, el Trastorno del Espectro Autista, lo que puede
dificultar tanto el diagnóstico como el tratamiento específico, pero ¿Cuántos
tipos de Alzheimer existen?
Un grupo de investigación de la Universidad de
California (EE.UU.) acaba de emitir una nota de prensa donde afirma haber
realizado un avancen revolucionar en el ámbito de la enfermedad de Alzheimer,
cuyos resultados han salido publicado en la revista científica Aging.
De los datos de este estudio se aportan pocos
datos, a excepción de que se incluyeron cincuenta participantes durante 2 años
de estudio. Según sus resultados los pacientes de Alzheimer pueden ser
divididos en tres categorías en función de la evolución de la sintomatología de
la enfermedad.
Así ya no habría una sola enfermedad sino tres, o,
mejor dicho, tres subtipos de una misma enfermedad, cada uno de los cuales
tiene una evolución diferente, y por tanto requiere de un tratamiento
específico para combatirlo.
En concreto la nota de prensa habla de tipo
Inflamatorio, no inflamatorios y corticales, habiéndose identificado en cada
uno de estos subtipos sintomatología e incluso proteínas diferenciales.
-En el subtipo Inflamatorio se observa un
incremento no presente en los otros dos subtipos de la proteína C reactiva,
presente cuando se producen inflamaciones en el cuerpo; y la proteína Albúmina,
fundamental para mantener la presión vascular.
-En el subtipo No inflamatorios, donde no se
observan los incrementos anteriores, existiendo una anormalidad en dichas
proteínas.
-En el subtipo Corticales, no asociada a problemas
de memoria, presente en personas más jóvenes, con mayores problemas
relacionados con el habla, asociado a bajos niveles de zinc en el organismo.
El comunicado no indica cuál es la diferencia
entre alguno de estos tipos de Alzheimer y otras demencias con sintomatología
similar, por lo que habría que establecer nuevos diagnósticos diferenciales
para poder saber ante qué enfermedad se enfrenta el paciente y ofrecer el
tratamiento más conveniente.
Aunque los autores no lo indican, puede que la
escasa eficacia de los tratamientos actuales esté precisamente en la base de la
no diferenciación de cada uno de estos subtipos, siendo necesario analizar,
para cuál es más conveniente un tratamiento u otro, y no como actualmente se
hace, que se da el mismo para todos.
De hecho, los autores defienden que, con su
descubrimiento, se abre una nueva vía para alcanzar un mayor éxito del tratamiento,
al poder describir características particulares de cada uno de estos subtipos.
A pesar de lo cual, es preciso tener en cuenta que
estos resultados han de ser validados en otros laboratorios antes de
considerarlos definitivos, comprobando si se encuentra los mismos resultados en
cualquier parte del mundo.
De ser así los manuales de diagnóstico C.I.E.-10 (Clasificación
Internacional de enfermedades actualmente en su décima versión) y D.S.M.-V tendrán
que incluir en sus próximas revisiones cuáles son estas características
específicas de cada subtipo, tanto para el diagnóstico como para el
tratamiento, cuando se conozca.
Un gran avance sin duda, en la vía de descubrir
qué es el Alzheimer, a la vez que sirva para explicar el motivo por los que la
psicofarmacología ha tenido un escaso éxito en la intervención de la cura del
Alzheimer.
Si de algo se puede estar seguro con respecto a la
enfermedad de Alzheimer es que se trata de un problema fundamentalmente que
afecta a la memoria, al menos así es como se conoce por el público.
Aunque no se sea consciente de ello, se construye lo
que es y quien se es alrededor de los recuerdos. Es gracias a estos por lo que se
puede levantar cada mañana, y saber que se está en la propia cama, vistiéndose
el batín al salir de la cama sabiendo que abrigará y poniendo el café a
calentar antes de ir a trabajar, sabiendo en qué cajón se encuentra el café y
cómo funciona la cafetera.
Todos estos actos y muchos más se pueden hacer por
una única razón, porque se recuerda cada objeto que se ve, sabiendo nombrarlo,
para qué sirve y cómo usarlo, incluso se puede saber dónde se compra o quién se
lo regaló.
Una vida sin memoria sería como una hoja de un
libro en blanco, no serías capaz de reconocer nada a tu alrededor, tienes algo
de un color oscuro delante tuya, que no se mueve y cuando lo intentas tocar
está suave, pero sigues sin saber qué es o para qué sirve, ni cómo se denomina,
y simplemente es la silla donde pones el traje.
Imagina que se te acerca alguien a darte un beso y
es la primera vez que le vez, y además te habla con demasiada confianza, y para
colmo, dice que es tu esposa con la que supuestamente llevas casada 30 años, y
de todo eso no te acuerdas nada.
El Alzheimer es más que no saber dónde se han dejado
las llaves del coche, o faltar a la cita semanal en la peluquería, porque se
pasó el día sin siquiera recordarla, esto puede ser simplemente consecuencia de
un despiste o efecto de un menor desempeño de la memoria debido a la edad.
Esta enfermedad conlleva consecuencias más graves
e importantes que en fases más avanzadas puede llevar a la persona a no
reconocer a sus familiares, sintiéndolos como si de unos extraños se tratasen,
e incluso pudiendo llegar a perder la capacidad de reconocerse a sí mismo ante
el espejo, sin saber quién es ese que se refleja allí, ni su nombre, ni nada
sobre su pasado.
Un drama para cualquier persona, ya que el ser
humano se suele definir como tal, precisamente por lo que ha sido, cómo se llama,
cuándo y dónde ha nacido, dónde ha estudiado o trabajado, y así hasta completar
con más o menos recuerdos de una vida.
Toda una estructura de memoria sobre la que se va
construyendo los recuerdos, teniendo como cimentación lo ya vivido, a lo cual se
puede acceder cuando así se requiere, recordando aquello que se hizo en la graduación,
o a quién se le dio el primer beso.
Pero cuando la enfermedad de Alzheimer va
avanzando, empiezan a aparecer lo que se denominan lagunas en la memoria, las
cuales son como espacios vacíos en el cerebro, donde se ha perdido la
información que contenía, faltando así el contenido incluido ahí, que se maneja
sobre uno mismo y sobre el mundo que le rodea, de forma que cuando se intenta acceder
a ello, cuando se quiere recordar, se queda en blanco, a pesar de que apenas
hace unos meses se era capaz de narrar con todo lujo de detalles sobre ese
momento de la vida.
Hay que tener en cuenta que este proceso de
pérdida de facultades y de memoria, se va produciendo paulatinamente con la
edad, como parte del progresivo deterioro de funciones del organismo. Pero
cuando aparece la enfermedad de Alzheimer, todo cambia, este proceso se
acelera, produciendo efectos mucho más visibles y evidentes, que pueden llegar
a incapacitar a la persona para el desempeño de sus funciones del día a día de
forma independiente.
Los problemas de memoria han sido considerados
durante décadas como el primer y principal síntoma a la hora de la detección de
esta enfermedad, pero ya hace unos años se ha descubierto que antes de que
empiece a fallar la memoria, la persona va a experimentar una serie de cambios
que dejan en evidencia que algo no va bien dentro de sí.
Son cambios que pueden pasar desapercibidos para
aquellas personas ajenas a esta enfermedad, y que rápidamente se justifican con
ser un achaque más, propio por la edad de quien lo padece, sin saber
distinguirlo de lo que es el envejecimiento normal.
Desde Argentina se dio un gran paso en cuanto al
diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, ya que fueron ellos quienes
recogieron datos sobre los cambios comportamentales y emocionales de los
pacientes, convirtiéndose estos en los primeros indicios de la enfermedad,
mucho antes de que sean evidentes los fallos de memoria. Gracias a
descubrimientos como este se han podido desarrollar instrumentos de evaluación
como el N.P.I.
Además la enfermedad muestra unas características
que le son propias y definitorias que no se encuentra en otras patologías
neurológicas como son la presencia de placas seniles y ovillos neuro-fibrilares,
que se van a ir acumulado en el cerebro, ocupando cada vez más espacio de las
neuronas sanas y provocando la destrucción progresiva de su normal
funcionamiento, lo que afectará inicialmente al desempeño en las tareas
cognitivas asociadas a la memoria, para pasar posteriormente a afectar en fases
avanzadas, a funciones motoras como el andar o el comer, donde la persona
olvidará cómo se hace. Actualmente se considera que la presencia de estas
placas seniles y ovillos neuro-fibrilares es suficiente para poder establecer
el diagnóstico de la enfermedad del Alzheimer, el problema es que todavía no se
puede observar mediante el uso de escáneres cerebrales, y únicamente bajo el
microscopio se pueden evidenciar, por lo tanto, se trata de un análisis post morten.
Una de las características de estas enfermedades
es que se producen a edades avanzadas, lo que hace que en ocasiones sea difícil
de distinguir la pérdida del desempeño de las funciones cognitivas propias del
envejecimiento normal, o las provocadas por una enfermedad como la del
Alzheimer. Así con respecto a la pérdida de memoria hay que aclarar que no toda
pérdida o laguna va a ser atribuible al Alzheimer ya que con la vejez se
observa un progresivo deterioro de todas las funciones físicas y cognitivas de
la persona, algo a lo que se está acostumbrado, cuando se ve a alguien mayor
andar muy despacio, o que tarda en realizar una operación matemática de una
complejidad intermedia.
Hasta hace pocos años se consideraba una
enfermedad con consecuencias irreversibles, pero actualmente se están
desarrollando grandes avances en cuanto a tratamientos farmacológicos y a
entrenamientos neuropsicológicos, que buscan enlentecer el proceso de la
enfermedad, y en algunos casos mantener durante mayor tiempo las habilidades
necesarias para conservar cierto nivel de calidad de vida e independencia
personal, pero ¿Cuál es su origen?


Capítulo 2. Causas del Alzheimer

Las
investigaciones actuales se suelen centrar en las causas del Alzheimer, así
como en los factores que favorecen su aparición y avance, para tratar de
detener esta enfermedad neurodegenerativa que va provocando una pérdida
progresiva de habilidades y capacidades que lleva a la persona a ir poco a poco
perdiendo su independencia, requiriendo de otras personas para cada vez más
funciones. Pero además de la presencia del Alzheimer se puede complicar con la
aparición de otras patologías tanto físicas como psicológicas, entre las más
habituales de las físicas se encuentran aquellas relacionadas con alteraciones
cardiovasculares.
Todavía
no se tiene claro, cuál es el origen de la enfermedad, pues si al principio se
asociaba al mal funcionamiento del cerebro debido a la edad, algo así como un
problema más del envejecimiento.
<<La
causa de la enfermedad es desconocida. Desde el punto de vista genético se
puede dividir en una forma poligénica de etiología compleja con la que se
vincula más del 95% de los casos de la enfermedad y suele ser de inicio tardío,
(>60 años), en la que algunos polimorfismos de ciertos genes como el alelo
E4 del gen APOE actuarían como factores de riesgo, y una forma monogénica de
inicio precoz y patrón autosómico dominante con la que se han relacionado hasta
la actualidad tres genes: El gen de la A.P.P. (siglas en inglés de Proteína
Precursora de Amiloide) en el cromosoma 21, el gen de la P.S.E.N.1.
(Presenilina 1) en el cromosoma 14 y el gen de la P.S.E.N.2. (Presenilina 2) en
el cromosoma 1.
Centro
de Referencia Estatal del Alzheimer>>
Hoy
en día se ha descartado que esté asociada con una pérdida progresiva de
funciones debido a su uso, tal y como si fuese una pieza de una maquinaria que
con el tiempo se va desdentando, perdiendo efectividad hasta que deja de
funcionar.
Aunque
algunos factores son bien conocidos todavía se están investigando las causas
del Alzheimer para poder realizar un mejor diagnóstico y tratamiento.
Desde
hace tiempo que se conocen algunos de estos que facilitan la aparición de la
enfermedad del Alzheimer, como es el caso de padecer diabetes, incluso se llega
a hablar de cierto porcentaje de causa genética, así los que tienen familiares
directos, tienen entre dos a tres veces más posibilidades de padecer Alzheimer.
Entre
los factores que favorecen la aparición de la enfermedad se encuentra la edad
avanzada, sobre todo a partir de los 60 años existiendo un pequeño grupo de
afectados entre los 30 o 40 años de inicio.
Igualmente,
las mujeres van a sufrir más esta enfermedad, pero se debe a que la esperanza
de vida de las mujeres es superior a la de los hombres; también los
traumatismos craneoencefálicos van a facilitar la aparición de ésta enfermedad,
pero, ¿Existen actualmente nuevas causas del Alzheimer?
Esto
es lo que se trata de averiguar desde la Universidad de Dalhousie y desde el
Centro de Atención a la Salud de los Ancianos de Halifax (Canadá) cuyos
resultados han sido publicados en la revista científica Alzheimer’s Research
& Therapy.
En
el estudio retrospectivo de los últimos 10 años entre la población de afectados
por la enfermedad de Alzheimer en Canadá, entre los que estaban incluidos en un
macro estudio denominado C.S.H.A. (Canadian Study of Health and Aging), donde
se analizan múltiples factores de la población superior a los 65 años o más,
empezado en 1991, y que lo iniciaron con diez mil doscientas sesenta y tres personas
sanas, para analizar su evolución a lo largo del tiempo. Al ser un período tan
largo casi la mitad de los hombres habían perecido frente a sólo un tercio de
las mujeres, con lo que el número de pacientes del estudio se redujo a siete
mil doscientas treinta y nueve, de los cuales cuatro mil trescientas treinta y
siete eran mujeres sanas en 1991.
Los
resultados informan que entre un 7% de los hombres y un 9% de las mujeres
desarrollaron algún tipo de demencia incluida la enfermedad de Alzheimer,
permaneciendo el resto cognitivamente sanos. A todos los participantes se les
entrevistó para analizar cuarenta y dos posibles variables que podrían estar
implicados en la enfermedad de Alzheimer que han sido recogidas en
investigaciones anteriores.
Entre
estos se encuentran la presión arterial alta, los problemas del corazón o de
circulación, la historia previa de accidentes cerebrovasculares, diabetes, la
mala actitud hacia llevar hábitos saludables, problemas de estómago, de riñón,
de ojos, de oídos, de dientes o de piel, traumatismo craneoencefálico, ataques
isquémicos transitorios, la hipertensión, la obesidad, una dieta rica en
grasas, el síndrome metabólico, la baja ingesta de antioxidantes, de pescado,
de verduras o de frutas, con deficiencia de vitamina B, con hipotiroidismo, con
presencia de apnea del sueño, ansiedad, depresión, anemia, con conducta de
tabaquismo, alcoholismo, exposición a tóxicos ambientales y contaminación, la
realización de actividades físicas, cognitivas o sociales bajas, así como el
nivel educativo, los ingresos económicos y el estatus social entre otros.
Los
resultados muestran cómo estos factores están relacionados con la edad, tal y
como cabría esperar, pero que tienen una mayor incidencia entre los pacientes
con Alzheimer.
Siendo
mejores predictores de la aparición de esta enfermedad, el haber sufrido con
anterioridad algún tipo de lesión, como traumatismo craneoencefálico, así como
el haber estado expuesto a tóxicos ambientales como a contaminación. Un
resultado inesperado ha sido al comprobar cómo las personas que tenían
problemas con el riñón, control de la vejiga, dolor de pecho, presión arterial
alta, o problemas de corazón o circulación tenían una menor esperanza de vida.
<<La
demencia puede ser causada por varias enfermedades o trastornos que afectan a
las partes del cerebro involucradas en los procesos de pensamiento. Sin
embargo, la mayoría de los casos son causados por la enfermedad de Alzheimer,
demencia vascular o D.C.L.
Todos
estos tipos de demencia causan síntomas similares, pero algunas características
pueden apuntar a una causa particular. Sin embargo, puede que no sea posible
decir qué está causando la demencia en todos los casos.
Dr.
Quazi Imam, Director Médico del Hospital Arlington Memorial de Texas
(EE.UU.)>>
Factor
Individual

La Edad:
La
enfermedad de Alzheimer parece estar asociada a la edad avanzada, sobre todo a
partir de los 60 años, existiendo un pequeño grupo de afectados con edades de
inicio temprano entre los treinta o cuarenta, donde parece ser que la causa
genética es más fuerte.
La
última etapa de la vida, en donde los años, en vez de ayudar a mejorar a las
habilidades de la persona, la hacen cada vez menos capaz en el desempeño de las
tareas; cuando las fuerzas le empiezan a fallar, la vista ya no es lo que era,
el oído ya no funciona como debiera, la memoria empieza a enturbiarse, a esta
etapa es a lo que se ha denominado como la vejez.
Hay
que tener en cuenta que es una etapa relativamente frecuente en el mundo. Si se
mira para atrás se puede uno dar cuenta, cómo la edad de supervivencia ha ido
creciendo en los últimos años.
Con
anterioridad, y actualmente en algunos países, llegar a los 40 años, se
consideraba toda una hazaña, ya que la esperanza de vida era alrededor de los 30
y pocos años.
Todavía
recuerdo una anécdota de uno de mis colegas entrado en años, quien comentaba
cómo mientras realizaba una investigación en un país de África.
Este
profesor refería que un día, llegando a un poblado beduino, le habían indicado
que debía de participar de una reunión comunal, en el que existía una disputa
familiar.
Este
profesor, entendió que era una buena oportunidad para acercarse aún más a las
tradiciones de aquel pueblo y accedió al mismo. Cuando estaban allí reunidos en
una casa comunal, le presentaron a una mujer y un hombre, que se acusaban
mutuamente de algo, una especie de riña familiar en el que participaba todo el
pueblo.
En
un momento determinado, le preguntaron a él, cuál era la solución del caso,
algo que le sorprendió en sobremanera, porque era un extraño en aquella comunidad.
Cuando
intentó preguntar la razón, por la que pedían su opinión, le dijeron que como
tenía el pelo blanco por su edad, le tenían por sabio, luego su opinión era de
inestimable ayuda para resolver este y otros problemas de convivencia que
surgían en las comunidades.
Con
ello quiero resaltar cómo todavía hoy en día, la edad, es valorada y estimaba,
y asimilada a experiencia vital y sabiduría. De hecho, es tan reciente, este
fenómeno que a su alrededor han surgido una serie de ramas especializadas en
dar respuesta a esta nueva realidad. Por ejemplo, desde el ámbito de la
psicología ha surgido la psicogerontología, como ciencia de estudio de las
necesidades, motivaciones y comportamiento de este colectivo.
Si
bien hace unos años se les denominaba ancianos, hoy en día el término más usado
es el de personas mayores, que suele abarcar a partir de los 60 años, lo que
con anterioridad se denominaba tercera edad, en contraposición con la primera
edad que abarcaba la infancia, y la segunda edad, la adultez.
Aunque
actualmente se suele dividir esta última fase de la vida en dos sub etapas, la
primera que mantiene el nombre de tercera edad, hasta los ochenta, y a partir
de ahí, la cuarta edad. División que está hoy en revisión, ya que, con el
incremento de vida, se está empezando a plantear si la tercera edad, no se está
también retrasando, hacia los 70 años, ya que los ancianos de sesenta de hace
una década se parecen más a los de setenta. En cambio, los mayores de sesenta
de ahora, se siguen considerando “jóvenes”, útiles, y con una gran
vitalidad, hasta ahora desconocida para dicha edad.
Algo
que se lleva unos años poniéndose en evidencia, ya que las inquietudes
culturales y por aprender de los más ancianos van más allá de la propia
curiosidad, volviendo muchos de ellos a las escuelas para retomar los estudios
que tuvieron que abandonar de jóvenes por diversas razones, e incluso acudiendo
a los centros superiores de formación, para completar sus conocimientos.
Fenómenos
a los que las universidades han tenido que dar respuestas con programas
específicos como las denominadas Aulas de la Experiencia, donde ofrecen las
asignaturas más demandadas por estos mayores, dentro de un programa, acudiendo
a clase con los más jóvenes.
Algo
que ha cambiado en muchos casos los propios planteamientos de las clases, pues
no es lo mismo enseñar a jóvenes que hacerlo a adultos, ya que estos últimos
son más participativos a la hora de plantear sus dudas e inquietudes, basadas
en su experiencia profesional, algo que sin duda dinamiza y enriquece los
contenidos de la clase. Además, según declaran los propios mayores, el poder ir
a clases y compartir el aula con los jóvenes les anima y les llena de
vitalidad, y por supuesto mientras están en clase se olvidan de sus males y
preocupaciones que a diario tienen.
Al
respecto, recuerdo la anécdota de una señora mayor, comentando una de sus
vivencias en el programa de Aula de la Experiencia de la Universidad de
Sevilla, donde un día, mientras miraba las listas de asignaturas en el tablón
de anuncios de la facultad, pasaron dos estudiantes jóvenes, y uno de ellos la
piropeó. Algo que a ella le ruborizó a pesar de sus años, y que compartía con
mucha satisfacción. Sintiéndose ella como si de una joven estudiante más se
tratase.
Sobre
la longevidad de la especie humana, algunos científicos afirman que el ser
humano está genéticamente “programado” para vivir bien hasta los 140
años aproximadamente, con lo que a pesar de lo que se haga con el cuerpo, aun
cuando se mantenga este sano y fuerte hasta entonces, se va a producir con
posterioridad un declive importante de todas las capacidades y habilidades.
<<Como
para todo el mundo pasa el tiempo, a menudo se vuelve más difícil de recordar
cosas. Esto se conoce como deterioro de la memoria asociado a la edad. Muchas
personas mayores de 60 años tienen este problema común, y no es la demencia.
Por ejemplo, tiende a ser más difícil aprender nuevas habilidades a medida que
creces, o puede olvidarse más fácilmente los nombres de personas que has
conocido recientemente.
Dr.
Quazi Imam, Director Médico del Hospital Arlington Memorial de Texas
(EE.UU.)>>
Otros
autores en cambio afirman que existe una curva de desarrollo con un gran
incremento en los primeros años, un punto máximo sobre los 20 a 25 años, y a
partir de ahí, se va produciendo una reducción progresiva de capacidades y
habilidades tanto físicas como mentales, donde cada vez es más rápida la
pérdida a medida que se cumplen más años por el simple paso del tiempo.
Si
no existe una “desgracia” por el camino, a todos les va tocar llegar a esta
avanzada edad, lo que puede asustar, debido a ese declive de lo que somos,
quizás este momento sea el segundo más temido después de la posibilidad de la
muerte.
La
realidad de la vejez conlleva pues el peligro dejar de ser lo quien se es, de
abandonar la vida que se lleva y lo que hace, e incluso con el tiempo, de tener
que enfrentarse a la posibilidad de depender de otra persona para las tareas
más básicas.
Es
cierto que no a todos les va a pasar lo mismo, pero a medida que se cumplen
años, es más probable que vayan apareciendo estas carencias, y profundizando en
la afectación que estas tienen sobre el día a día de la persona.
Este
envejecimiento se ha asumido como una fase más dentro de la vida, algo
inexorable, que va a suceder se quiera o no, y por el que todos, tarde o
temprano se va a tener que pasar.
Si
ya de por sí puede resultar complicado cumplir años, lo es más cuando además se
sufre alguna enfermedad que acelera el proceso de pérdida de habilidades,
capacidades e independencia.
Tal
es el caso de las enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, las
Demencias o la Corea de Huntington, enfermedades con rápida incidencia en el
organismo y con efectos devastadores tanto física como mentalmente.
Enfermedades
que parecen estar más presentes en la sociedad, que hace unos años, gracias a
los medios de comunicación, lo que se corresponde además con una mayor
incidencia, explicado en parte por el envejecimiento poblacional.
De
estas enfermedades neurodegenerativas, que afectan especialmente a los
ancianos, y que pone en riesgo su calidad de vida, la más conocida actualmente
es la enfermedad de Alzheimer, sobre la que existe una concepción generalizada
de que es una enfermedad de mayores, eso es cierto en un alto porcentaje, pero
no en todos, ya que puede presentarse a partir de los 30 años. Debido a esta
incidencia diferencial según la edad de quien lo padece, de forma didáctica se
desglosan a modo orientativo las edades en tres grupos:
*
Casos Tempranos (de 30 a 50 años) abarca la etapa en que la persona se
encuentra en plenas funciones tanto en su desarrollo personal como laboral y
social.
*
Casos en Fecha (de 50 a 70 años) es una etapa intermedia de paso a la
ancianidad donde la persona se ve sometida a multitud de cambios, entre ellos
la jubilación.
*
Casos Tardíos (a partir de 70 años) ya entrada la madurez el paciente empieza a
sentir los achaques propios del desgaste de la vida.
Esto
no quiere decir que todos los afectados dentro de un rango de edad reaccionen
de la misma manera, pero sí en la mayoría de los casos, por lo que es una buena
forma de aproximarse a lo que piensa y siente cada persona según su momento
evolutivo.
El
cual está marcado también por una serie de logros y desafíos en la vida, en el
que van a intervenir tanto aspectos de la propia persona, como sus relaciones
familiares e incluso en el ámbito laboral.
En
cada una de estas etapas la persona va a ir modificando la forma de verse a sí
misma y de relacionarse con el mundo, teniendo unos deseos y necesidades
diferentes en cada caso, lo que determinará cómo va a reaccionar en función
también de sus obligaciones adquiridas y de las relaciones de dependencia
establecidas.
A
cada edad le corresponde enfrentarse de forma diferente a la enfermedad, con
mayor o menor dificultad, a una edad las emociones están más a flor de piel y
serán éstas las que habrá que canalizar para que no perjudiquen aún más el
tratamiento, mientras que en otras lo serán los pensamientos y en ellos se
tendrá que incidir.
Hay
que considerar que los apoyos con los que se cuenta para asumir las
consecuencias de la enfermedad también son diferentes.
En
los casos tempranos son la pareja y los hijos los más importantes ya que es
sobre ellos sobre los que recae la mayor parte del tiempo libre de la persona.
En
cambio, en los casos en fecha, los hijos han pasado a un segundo plano ya que a
ésta edad ya se han independizado y viven sus vidas de forma autónoma, por lo
que encuentra el apoyo necesario principalmente de su pareja y amigos.
En
los casos tardíos, la persona suele haber dejado atrás buena parte de sus seres
queridos, ya que los ha sobrevivido, cambiando sus amistades de toda la vida a
simplemente conocidos que comparten su edad.
De
ahí la importancia de conocer lo que le sucede a la persona que le han
diagnosticado Alzheimer en cada momento para poderle ofrecer el apoyo necesario
y adecuado para su etapa evolutiva en la que se encuentre.

El Género:
Con
respecto a las diferencias de género en la enfermedad de Alzheimer comentar que
desde hace años que se constata en investigaciones por todo el mundo que las
mujeres son las que sufren más esta enfermedad, aspecto que algunos atribuyen a
que la esperanza de vida de las mujeres es superior a la de los hombres.
Una
de las muchas interrogantes sobre el Alzheimer es con respecto a tratar de
explicar las diferencias presentadas en función del género del paciente.
Sobre
todo, porque el papel de la genética en la aparición de enfermedad no parece
ser tan determinante como en otras patologías.
A
pesar de lo cual se tratan de establecer qué factores pueden estar participando
para explicar esas diferencias hombre mujer en la enfermedad de Alzheimer.
Diferencias entre género hombre-mujer que son claramente reconocibles en cuanto
a los aspectos genéticos, fisiológicos, hormonales e incluso comportamentales.
Algunos
autores han tratado de explicar estas diferencias debido a la edad de los
pacientes, ya que las mujeres suelen, por media, vivir mucho más que los
hombres, y la enfermedad de Alzheimer en un alto porcentaje está asociado a la
edad, lo que explicaría, según estos autores, que en las mujeres se presentase
en mayor medida.
Otros
autores por su parte han tratado de estudiar los biomarcadores diferenciales
entre hombres y mujeres, tales como el nivel de colesterol o la presencia de
proteínas ApoE4, pero ¿Influye el nivel de testosterona en la aparición del
Alzheimer?
Esto
es precisamente lo que se ha tratado de averiguar desde la Universidad del
Norte de Texas (EE.UU.) cuyos resultados han sido publicados en la revista
científica Alzheimer’s Research & Therapy.
Los
datos se extrajeron de un estudio mayor denominado Longitudinal Research Cohort
of The Texas Alzheimer’s Research Care Consortium donde se trata de localizar y
analizar distintos biomarcadores que sirvan para el diagnóstico temprano, así
como para conocer la efectividad de los tratamientos.
Todos
los participantes pasaron por una entrevista estructurada con el N.P.I. la cual
se emplea como diagnóstico previo, ya que es sensible incluso antes de que la
persona empiece a experimentar pérdidas de memoria asociadas a la enfermedad de
Alzheimer.
Además,
todos han sido previamente diagnosticados con pruebas neuropsicológicas como el
M.M.S.E. (Mini Mental State Examination) o la C.D.R. (Clinical Demential Rating),
con una re-evaluación anual, y un análisis de sangre para buscar biomarcadores.
En
este estudio participaron ochenta y siete hombres con una edad media de 75 años,
donde cuarenta y cuatro de los cuales mostraban niveles bajos de testosterona,
mientras que el cuarenta y tres de ellos mostraban niveles normales.
Los
resultados indican que, en niveles normales de testosterona, es más probable
que se produzcan sintomatología positiva como alucinaciones, irritabilidad o
actividad motora. En cambio, aquellos pacientes que tenían niveles reducidos de
testosterona, no mostraban significativamente los síntomas positivos
anteriormente descritos.
Los
resultados por tanto son bastante reveladores, en el sentido de que, si se
realizase una intervención farmacológica, para reducir los niveles de
testosterona, se podrían prevenir la sintomatología positiva asociada al avance
de la enfermedad de Alzheimer.

La Raza:
Con
respecto a la raza como factor diferenciador en el padecimiento de la
enfermedad de Alzheimer, indicar que se trata de uno los aspectos más
controvertidos en el ámbito de la salud.
Si
ya fueron polémicos en su momento los resultados hallados sobre las diferencias
en cuanto al coeficiente de inteligencia, recientemente avalados por una tesis
que realiza una revisión profunda atendiendo al nivel del lenguaje de los
usuarios, así como su cultura. Igualmente es polémico en tratar de comprobar y
analizar si existen diferencias en el ámbito de la salud mental con respecto a
la raza de los usuarios.
En
el campo de la medicina es bien conocido que se dan estas diferencias, e
incluso enfermedades específicas de una raza que no aparecen en otras, pero en
el ámbito de la salud mental no se tiene tan claro, entonces ¿Existen
diferencias en cuanto al padecimiento de la enfermedad del Alzheimer en función
de la raza del paciente?
Para
ello se van a extraer los datos del gobierno de la Ciudad de Nueva York
ofrecidos a través de su página de Open Goverment.
Con
respecto a la salud mental, existe cierto grado de falta de transparencia a la
hora de ofrecer datos directos del número de pacientes que hay en la
actualidad, por lo que se extraen de aquellos datos con respecto al motivo del
fallecimiento de la persona.
En
concreto en este caso se analiza el número de fallecidos por causas de la
enfermedad de Alzheimer, que tal y como se muestra en la gráfica superior, se
dan más casos de defunciones de pacientes con Alzheimer entre las mujeres que
entre los hombres, pero ¿Qué pasa con la raza?
Si
se presentan los datos anteriores especificando la raza, separando estos datos
en cuatro categorías de razas, los hispanos; los blancos no hispanos; los
negros no hispanos; los asiáticos y provenientes de las islas del Pacífico, se
puede comprobar los más afectados por la enfermedad de Alzheimer son las
mujeres blancas no hispanas, seguidas en un seguido bloque por las mujeres
negras no hispanas, las mujeres hispanas y los hombres blancos no hispanos. En
un tercer bloque con una baja incidencia estarían los restos de los pacientes.
Para
aclarar un poco más los datos se presentan en la parte superior los datos
totales, suma de hombres y mujeres, pero separados por raza. Lo que permite
comprobar que la raza blanca no hispana son los que sufren un mayor número de
casos de enfermedad de Alzheimer.
En
un segundo bloque y casi sin diferencias se encontrarían los de raza negra no
hispanos y los hispanos, siendo los que más baja incidencia tienen, los
asiáticos y los provenientes de las islas del Pacífico.
Por
lo que si se atiende exclusivamente a esta tercera gráfica se puede afirmar que
la enfermedad de Alzheimer, afecta principalmente a la raza blanca no hispana
sobre cualquier otra raza.
Aunque
los resultados parecen claros, hay que tener en cuenta que se trata de un
análisis indirecto de la población, ya que no se tiene el dato directo del número
de pacientes de Alzheimer, sino sólo el de personas que han fallecido por esta
causa, pudiendo existir pacientes que mueran por otras causas, como por ejemplo
por un atropello o un ataque cardíaco, que quedaría fuera de estos resultados.
Igualmente,
los datos reflejan el número de casos totales, pero sin tener en cuenta el
porcentaje de la población que representan, así si en vez de ser en Nueva York,
los datos procediesen de un estado del sur donde existe mayor presencia de
negros no hispanos y de hispanos, la interpretación de los mismos resultados
sería completamente diferente.

Los Trastornos Cardiovasculares:
Tradicionalmente
se ha asumido que cuando una persona llega a una edad avanzada empieza a sufrir
achaques de todo tipo como del corazón o del Alzheimer, pero ¿Están
relacionados los problemas del corazón con el Alzheimer?
Esto
es precisamente lo que ha analizado un estudio realizado conjuntamente por la
Universidad Ostravay la Universidad Masaryk de Brno (República Checa) cuyos
resultados han sido publicados en la revista científica Journal of Alzheimer’s
Disease & Parkinsonism.
En
el estudio participaron trescientos noventa y cuatro ancianos diagnosticados
con la enfermedad de Alzheimer a través del cuestionario estandarizado M.M.S.E.
y ciento treinta de características similares y que no mostraban síntomas de la
enfermedad. La edad media del grupo de pacientes es de 69 años frente al del
grupo control que es de 73 años de media.
Todos
los participantes fueron entrevistados sobre las variables demográficas que les
definían, así como sobre el riesgo de padecer problemas relacionados del
corazón.
Al
tratarse de un estudio epidemiológico, únicamente se informa de las variables
que aparecen significativamente correlacionadas con el Alzheimer, entre el
grupo de pacientes y el de control.
Los
resultados informan que únicamente el Alzheimer está significativamente
relacionado con las enfermedades cardiovasculares; en cambio no resultaron
significativas con la diabetes mellitus, la hipertensión, ni la enfermedad
cerebrovascular. Los resultados permiten conocer mejor la enfermedad de
Alzheimer, y la manera de explorarlo de forma indirecta, ya que, estudiando a
los pacientes de edad avanzada con historial de enfermedades cardiovasculares,
es posible descubrir nuevos casos de pacientes afectados con la enfermedad de
Alzheimer, que hasta ese no han recibido el diagnóstico adecuado.
Y
al no estar diagnosticados tampoco han sido incluidos en los programas de
tratamiento y entrenamiento, con lo que reducir los efectos de esta enfermedad
neurodegenerativa en la medida de lo posible.
Hay
que tener en cuenta, que, si se da una relación significativa entre dos
factores, esto no implica necesariamente que uno sea el origen del otro, ya que
puede existir un tercer factor que intervenga y que no se haya observado.
Tal
y como afirman los autores el carecer de una estadística fiable del número de
personas afectadas en la población, impide comprender la evolución de esta
enfermedad a lo largo de los años, así como para determinar qué otros factores
o variables pueden estar incidiendo en que actualmente parece que se están
incrementando los casos de esta enfermedad.
Este
ha sido durante mucho tiempo uno de los principales problemas sobre las
demencias, y en concreto sobre la enfermedad de Alzheimer, al no existir un
registro de casos a nivel nacional e internacional.
Es
cierto que en cada lugar atienden a los pacientes que acuden a consulta en sus
instituciones hospitalarias correspondientes y especializadas, pero los organismos
internacionales, únicamente tienen constancia de estimaciones, sobre la
población afectada por estos trastornos neurodegenerativos, lo que sin duda
entorpece el avance de la investigación, y por tanto conlleva un perjuicio
tanto a los propios pacientes como a sus familiares. Ya que, al no conocerse el
número exacto de pacientes afectados, ni las causas por las que se producen
estos trastornos, no se pueden establecer programas de intervención preventiva
al respecto.
Algo
de lo que se ha dado cuenta desde el 2014 el gobierno de Inglaterra, que ha
abierto un proyecto para determinar el nivel de impacto del Alzheimer entre sus
ciudadanos, esperando descubrir un 60% más de pacientes no diagnosticados con
anterioridad.
Entre
las medidas adoptada ha sido la de fijar un incentivo económico para médicos
generales y de familia por cada caso nuevo de demencia diagnosticado siguiendo
el D.I.S. (Demential Identification Scheme).
Continuando
con el corazón, indicar que son varias las patologías que se pueden incluir en
esta categoría de trastorno vascular, como la hipertensión, el
hipercolesterolemia (colesterol alto en sangre) o la insuficiencia cardíaca
entre otros, todos ellos suelen requerir de medicación específica que facilite
el flujo sanguíneo, pero el tratamiento se puede complicar cuando estas
personas que sufren estos trastornos cardiovasculares, además padecen otras
patologías como el Alzheimer.
Aunque
actualmente no existe cura para la enfermedad del Alzheimer, sí existe en el
mercado varios medicamente que tratan de combatir su avance, dando así más
tiempo de calidad de vida al paciente, al frenar el desarrollo de esta
enfermedad neurodegenerativa.
Se
ha observado en estudios anteriores, cómo determinados medicamentos pueden
darse cierta incidencia en la eficacia del tratamiento del Alzheimer,
deteniendo o perjudicando los efectos beneficiosos de esto, con lo que facilita
el avance de la enfermedad.
Hay
que tener en cuenta, además, que la edad de los pacientes suele ser elevada,
por lo que es muy importante ajusta la medicación de forma que sea lo más
eficaz posible para que combata tanto el avance de la enfermedad del Alzheimer,
como el trastorno cardiovascular específico que padezca cada paciente. De ahí
la importancia de tener alguna referencia sobre cuál es el porcentaje de
pacientes con Alzheimer que además están usando medicamentos para tratar los
trastornos cardiovasculares.
Esto
es precisamente lo que se trata de averiguar desde el Instituto Karolinska, la
Universidad Stockholm, el Hospital Universitario Karolinska (Suecia) y Centro
Internacional de Investigación Clínica y Hospital Universitario de Santa Ana
(República Checa) cuyos resultados han sido publicados en la revista científica
Alzheimer’s Research & Therapy.
Para
el análisis de los datos se consultó el Registro Nacional del Gobierno de
Suecia, entre los años 2007 al 2012 que incluía a veintiocho mil setecientos
veintidós pacientes diagnosticados con demencia, de los cuales únicamente
entraron en el estudio veintiún mil cuatrocientos cincuenta y ocho pacientes,
de los cuales el 42% eran mujeres, que tenían específicamente el diagnóstico de
Alzheimer.
Los
resultados al respecto no dejan lugar a dudas, más del 65% de las personas que
participaron en el estudio están siendo estaban recibiendo tratamiento para
alguno de los tipos de trastornos cardiovasculares.
El
estudio señala una serie de datos sin entrar a valorarlos, como que los hombres
consumen más medicamentos para el corazón que las mujeres; que las personas que
viven solas consumen menos medicamentos para el corazón; y que a mayor edad el
consumo de estos medicamentos aumentaba.
Tal
y como indican los autores de este estudio, este debe de ser un factor
importante a la hora de establecer el tratamiento conjunto, para que, en ningún
caso, uno pueda afectar negativamente al otro, e incluso de ser necesario
diseñar medicamentos que atendiesen a ambas patologías.
Añadir,
que el estudio no entra a valorar cuál es la relación existente entre ambos,
aparte de señalar que los trastornos cardiovasculares son un factor de riesgo.
A saber, si las personas que sufren trastornos cardiovasculares son asociadas a
un determinado tipo de personalidad, el tipo A, asociado a altos niveles de
competitividad y estrés, entonces cabría preguntarse si las personas con
personalidad tipo A tienen mayores posibilidades de desarrollar Alzheimer.
El
padecimiento de diabetes, como factor de riesgo, de forma que tener una
diabetes tipo II perjudica notablemente el cerebro y facilita la aparición de
las demencias, especialmente frecuente la de la enfermedad de Alzheimer.
De
esta relación a pesar de haber sido comprobada, no se conocen todavía los
mecanismos que lo expliquen, pudiendo ser un efecto directo de los niveles
elevados de insulina en las células del cerebro, o bien por el aumento de
problemas coronarios de la diabetes tipo II, que sí tienen una relación directa
con la aparición del Alzheimer.
Los
traumatismos craneoencefálicos, como factor que puede precipitar la aparición
de las demencias, de hecho, en el ámbito deportivo, se ha definido un tipo de
demencia asociado a estos traumatismos, denominada encefalopatía traumática
crónica, más frecuente en deportes de contacto como el rugbi o boxeo, conocido
ya desde hace tiempo como demencia pugilística, donde se dan casos de demencia
temprana entre los jugados con más de 10 años de profesión.

La Grasa en el Cerebro:
Desde
los primeros momentos en que se describió por primera vez esta enfermedad, se
habían identificado la presencia de neurofibrillas y placas seniles como las
responsables del Alzheimer, luego se comprobó que la mera presencia de estas no
va a dar como consecuencia la aparición de la enfermedad de Alzheimer, ya que
puede estar presente en otras enfermedades.
Por
lo que además de los datos neurobiológicos, para establecer el diagnóstico hay
que añadir los resultados neuropsicológicos donde se evalúan principalmente las
habilidades memorísticas de la persona.
Pues
son estas, las que van a estar presente desde los primeros momentos de la
expresión sintomatológica de la enfermedad, aunque tampoco son exclusivos de
ello, pudiendo presentarse estos problemas de memoria por otros problemas de
salud.
Igualmente,
la memoria solo va a ser una de las muchas carencias que va a presentar la
enfermedad de Alzheimer a medida que esta avanza, pero ¿Es la grasa en el
cerebro la responsable del Alzheimer?
Esto
es lo que se afirma haberse encontrado desde el Centro de Investigación
Hospitalario de la Universidad de Montreal (Canadá), según un comunicado que
acaba de emitir, donde menciona que sus resultados han sido publicados en la
revista científica  Stem Cell.
La
nota de prensa indica que no era este el objeto de su investigación, ya que
estaban trabajando con células madres, tratando de averiguar por qué estas no
estaban activas en los cerebros de los ratones con la enfermedad de Alzheimer.
Por
casualidad encontraron que próximos a las células madres se hallaban acúmulos
grasos, los cuales no habían sido descritos en la literatura científica con
anterioridad.
Tras
descartar que fuese un error de procedimiento, corroboraron los resultados
analizando cerebros de ratones sanos frente a los que padecían la enfermedad de
Alzheimer, comprobando que la grasa sólo se hallaba en estos segundos.
Este
descubrimiento permitió analizar en profundidad la grasa hasta conseguir
identificarla empleando espectrometría de masas avanzada. Posteriormente y para
corroborar estos resultados, y una vez sabiendo lo que buscaban, realizaron una
comparación post-morten de cerebros de nueve pacientes de la enfermedad de
Alzheimer con cinco de personas sanas.
Los
resultados obtenidos informaban de los mismos acúmulos grasos inusuales en los
cerebros de las personas con la enfermedad de Alzheimer. Aunque se desconoce el
origen y el papel que juega la presencia de estas grasas en la enfermedad de
Alzheimer, sólo que está donde no debería de estar, y que de algún modo puede
explicar el problema de la efectividad de los tratamientos farmacológicos
empleados hasta ahora.
Los
investigadores afirman que hallar un nuevo elemento hasta ahora desconocido,
puede ser la puerta de acceso a un tratamiento más efectivo, basado en la
eliminación de esa grasa acumulada en el cerebro.
De
ser así, el método de tratamiento resultaría relativamente sencillo, e incluso
se podrían implementar medidas farmacológicas al respecto, basado en evitar
estos acúmulos de grasa, y por lo tanto retrasar la aparición de la enfermedad
de Alzheimer, y si se diese el caso de que esta grasa fuese la responsable y
desencadenante de esta enfermedad, su regulación y control, sería en
definitivamente una forma de prevenir la enfermedad, evitando así que surja.

La Falta de Sueño:
Dormir
ocho horas es fundamental para la salud cerebral, ya que el sueño es una
actividad importante para el cerebro, ya que es cuando se van creando y
“archivando” las huellas de memoria de lo aprendido durante el día.
Los experimentos clásicos sobre de privación del sueño muestran los
devastadores efectos sobre la atención, el rendimiento y otras funciones cognitivas
como el aprendizaje, incluso pudiendo poner en riesgo la salud mental de la
persona, la cual después de días sin dormir se muestra cansada, agotada, pero
también irritable, con momentos de euforia, con pensamientos paranoicos,
pudiendo sufrir episodios psicóticos, y todo ello por no dormir bien. Se dice
que una vez superada la infancia, en que existe una mayor cantidad de horas de
sueño que de vigila, el organismo invierte esa proporción, necesitando
alrededor de ocho horas diarias de sueño el resto de su vida.
Aunque
a veces la administración del tiempo no es continuada, pudiéndose producir
pérdidas y acumulaciones de sueño durante un tiempo, que luego se recuperan,
por ejemplo, en las “guardias” algunos trabajos, en que alargan la
jornada laboral, o cuando los jóvenes trasnochan ya sea por motivos académicos
o por diversión, que luego recuperan ese sueño “acumulado” con un
largo sueño.
Igualmente,
y de forma natural, en la tercera edad se suele producir una división de tiempo
de sueño, en vez de dormir las ocho horas seguidas, se suele despertar después
de las cinco primeras horas de sueño, para, pasado unas horas, completar las
tres restantes.
Pero
en la tercera edad, se suele tiende a dejar un poco de lado las buenas
costumbres, si no se le indica con algo da insistencia, así es frecuente que
puedan sufrir mayores casos de deshidratación sobre todo en invierno, ya que no
mantienen una rutina de beber una cantidad de agua diaria, y en cambio lo dejan
para cuando tienen sed o “se acuerdan”; pues bien lo mismo suele
suceder con el sueño, que a veces se “desregulan”, no durmiendo las
ocho horas diarias, si no hacerlo cuando se sienten cansados y poco más, sin
darse cuenta de que el sueño es fundamental para el correcto funcionamiento del
cerebro, incluso en las personas mayores.
Así
al menos lo afirma un reciente estudio de la Universidad de Washington (EE.UU.)
cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Nature
Reviews Neurology, donde se relaciona la falta de sueño con la presencia de una
sustancia en el cerebro denominado péptido beta-aminoide (Aß), cuya acumulación,
además, es uno de los factores de riesgo de la aparición del Alzheimer.
El
estudio analiza la relación existente entre el péptido beta-aminoide (Aß),
la falta de sueño y la aparición del Alzheimer, concluyendo que existe una
relación directa entre una insuficiente cantidad y calidad del sueño con una
mayor aparición de éste aminoácido; existe una relación directa entre la
acumulación en el cerebro de éste péptido, con un peor desempeño cognitivo
mostrando síntomas que se podrían clasificar como los propios de las primeras
fases de la demencia. Dado ambas relaciones se establece una nueva, por la cual
la falta de sueño en cantidad y calidad, puede ser un factor de riesgo que
desencadenaría en la aparición del Alzheimer.
Esta
desregulación del sueño, podría explicar por tanto los trastornos del sueño que
suele acompañar a los pacientes de Alzheimer, no siendo tanto una consecuencia
como hasta ahora se creía, si no precisamente una causa de dicha enfermedad y
de su posterior agravamiento.
Dicho
lo cual queda todavía por estudiar, si mantener un correcto hábito de sueño, de
ocho horas diarias, aunque sea “partido”, puede ser un factor de
prevención ante la enfermedad del Alzheimer.
Factor
Hereditario:
Una
de las discusiones más encendidas entre los científicos es, determinar cuál es
el porcentaje de influencia de los aspectos genéticos, frente a los
medioambientales en el caso de los trastornos mentales.
Aunque
existe cierta documentación al respecto, en el que incluso se establecen
distintos porcentajes, en función del trastorno que se corresponda, es decir
hay trastornos y enfermedades mentales que tienen un mayor porcentaje de
influencia genética, proveniente de la herencia de sus padres, en cambio hay
otros que no parecen estar tan relacionados con sus genes, sino por las
condiciones de vida en donde se desarrolla, así como los modelos de los que va
aprendiendo. Todavía persiste una gran polémica al respecto, sobre el papel
genético de los mismos, ya que según el estudio que se adopte los porcentajes
van a ser más o menos elevados.
Existiendo
cierto nivel de consenso en cuanto al porcentaje medio, es decir si en una
población el porcentaje llega 7% pero en otra población únicamente llegar 4%,
normalmente se entiende que está alrededor de un 5% de la población mundial,
repitiendo estos análisis a lo largo de distintas poblaciones y en distintos
momentos.
Algunos
estudios genéticos apuntan que entre el 17 al 29% de algunas psicopatologías
pueden ser explicadas por variaciones genéticas comunes, esto es, distintas
psicopatologías como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión, que
comparten entre sí ciertos caracteres genéticos.
Una
pregunta fundamental a la hora del diseño de los tratamientos y las
intervenciones específicas es conocer el papel que tiene la genética en la
aparición de esa enfermedad, pues no tendría sentido una intervención con
terapia genética, ante un trastorno eminentemente producido o motivado por
causas medioambientales. Igualmente, una intervención puramente
psicoterapéutica podría ser desaconsejable cuando el trastorno tiene una
importante base genética, ya que no favorecería la recuperación si no que se
perdería un tiempo valioso en un tratamiento más adecuado y efectivo.
Se
llega a hablar de cierto porcentaje de causa genética, así los que tienen
familiares directos que lo han padecido, tienen entre dos a tres veces más
posibilidades de padecer Alzheimer. Siendo esta relación más directa en cuanto
antes aparezca la enfermedad, es decir, en los casos de Alzheimer temprano
existe un importante componente genético, que no se encuentra a otras edades.
En
el caso de la enfermedad de Alzheimer, si se consiguiese determinar el
porcentaje de la base genética, se podrían diseñar nuevos medicamentos
orientados a esa interpenetración genómica.
Pero
si la principal causa de aparición y desarrollo de esta enfermedad es debido a
las condiciones medioambientales, como el lugar donde se vive, lo que se come,
el nivel de estrés que soporta la persona, la intervención tendría que ser,
eminentemente del tipo cognitivas o neuropsicológica, pero ¿Cuál es el papel de
la genética en la aparición de problemas psicológicos?
Para
responder esta pregunta sea realizado un macro estudio con cincuenta y tres mil
novecientas cuarenta y nueve mayores de 45 años, de los cuales treinta mil
novecientas diecinueve eran mujeres, excluyendo aquellos que tenían diagnóstico
previo de algún tipo de demencia. A todos ellos se les pasaron pruebas
individuales de resolución de distintos test de todo tipo, correlacionándolo
con su genética.
En
el estudio han participado autores de más de cien instituciones de
investigación y universidades repartidas a lo largo del mundo, desde Suecia
hasta Australia, cuyos resultados han sido publicados en la revista científica
Molecular Psychiatry.
En
el estudio se crea un modelo genético con el que comprobar las predicciones
sobre la importancia de los genes implicados.
Los
resultados muestran que el cromosoma 21 es el que explica un mayor porcentaje
de la variabilidad implicada en la maduración de las capacidades cognitivas y
de su pérdida con la edad. Ya que de todos los componentes psicológicos han
sido estos el objeto de estudio, como paso previo para comparar con nuevos
resultados de pacientes con diagnóstico de demencia, pudiendo determinar así la
influencia genética en el caso del envejecimiento normal frente a la demencia.
Entre
las ventajas del estudio, tal y como lo destacan los autores, es la gran
cantidad de participantes lo que ha permitido conseguir resultados
significativos en cuanto al modelo genético explicativo, algo que con un menor
número de participantes no es posible observar. Este conocimiento genético se
espera que permita diseñar nuevos medicamentos e intervenciones orientadas a
mantener durante más tiempo las habilidades y capacidades cognitivas,
independientemente del paso de los años, permitiendo así una mayor calidad de
vida durante el mayor tiempo posible.
Este
estudio es un paso previo para conocer las bases genéticas del desarrollo
cognitivo del envejecimiento normal, es decir, aquel en donde no se ve
influenciado por ninguna psicopatología, si no que se produce por un decremento
de capacidades cognitivas debidos al natural paso del tiempo.
Entre
las próximas metas de este equipo multinacional de investigación, está el
encontrar la influencia genética de la enfermedad de Alzheimer, una vez que se
conoce cómo se produce el decremento de las capacidades cognitivas provocadas
por el envejecimiento natural de las personas.
Factor
Medioambiental:
Con
anterioridad se ha asociado el origen de la enfermedad con la vejez, aspecto
que parecía tener una relación directa, así cuantos más años se tenía, mayor
desgaste del organismo, especialmente del cerebro y más posibilidades de
padecer esta enfermedad. Hoy día se asocia más su aparición a procesos
relacionados con causas medioambientales, sobre todo por vivir en las grandes
urbes y poblaciones próximas a las instalaciones de determinado tipo de
industria, denominados genéricamente como factores medioambientales.
Uno
de estos factores tan nocivos es lo que se denomina estrés oxidativo, definido
como el estrés continuado principalmente en el puesto de trabajo lo que es
fuente de debilitamiento del organismo, al disminuir las defensas, lo que
incrementa la aparición de enfermedades.
El
estrés es un elemento psicológico, donde la persona siente una demanda continua
y por encima de sus capacidades, lo que tiene una repercusión directa en el
organismo, a través de la hormona del estrés denominada cortisol, producida por
la glándula suprarrenal y que, si se mantiene mucho tiempo en el organismo, va
a facilitar la aparición de problemas físicos, entre los que se encontrarían
algunas de las enfermedades psicosomáticas, como en el caso de las úlceras.
Dentro
de las psicoterapias, es habitual el empleo de técnicas de relajación,
visualización positiva y respiración consciente, encaminadas a proporcionar a
la persona herramientas suficientes con las que combatir los niveles de estrés
diarios, y por tanto que no llegue a desencadenar una enfermedad en el
organismo.
Pero
el concepto de estrés no se circunscribe únicamente al ámbito psicológico, ya
que desde hace unos años se ha empezado a utilizar el término de estrés
oxidativo, el cual hace referencia a un desequilibrio celular en el
procesamiento del oxígeno, que provoca un daño a nivel celular que conlleva un
envejecimiento prematuro, y con ello se facilita la aparición de enfermedades.
Entre
las nocivas consecuencias del estrés oxidativo, está asociado a la diabetes,
cáncer, enfermedades cardiovasculares e incluso Parkinson. Además, está
asociado con determinadas alteraciones psicológicas como trastornos afectivos,
de ansiedad o alimentación, e incluso la esquizofrenia. Igualmente se han
observado mayores niveles de dependencia a ciertas sustancias adictivas,
especialmente al alcohol u opioides.
El
origen del estrés oxidativo es diverso, y a veces difícil de concretar,
dependiendo del nivel de vida, el sedentarismo, el nivel de ansiedad de las
personas, pero también de agentes externos como la radiactividad, o el sol.
Aunque las causas pueden ser variadas, para generar el estrés oxidativo, se ha
comprobado que está relacionado con una peor salud.
Uno
de los índices significativos de la presencia de estrés oxidativo es el nivel
de homocisteína en plasma, un aminoácido azufrado considerado como uno de los
mayores índices del daño celular neuronal, relacionado también con la vitamina
B12; pero siendo tan incierto el origen del estrés oxidativo, ¿Cómo se pueden
analizar sus consecuencias sobre la salud?
Desde
hace tiempo que se conoce la relación entre el puesto de trabajo y las
enfermedades, de hecho, las que son provocadas por éste se denominan enfermedades
profesionales, y a ella están expuestos todas las personas que trabajan en ese
sector independientemente del país en donde se encuentre. Especialmente
sensible es el personal sanitario que trabaja con pacientes, pero entre ellos
el grupo más sobrepuesto a modificaciones en el A.D.N. es el personal de
radiología, entonces ¿Qué consecuencias tiene estar expuesto a diario al estrés
oxidativo?
Esto
es precisamente lo que ha investigado conjuntamente desde la Universidad Payame
Noor y en la Universidad de Ciencias Médicas de Tehran (Irán), cuyos resultados
han sido publicados en la revista científica Health.
En
el estudio participaron cuarenta y siete personas, de los cuales veintiocho
eran mujeres, todos del personal de radiología de un hospital, los cuales
debían carecer de experiencia con alcohol u otras drogas, ni sufrir
enfermedades como el cáncer, diabetes, trastornos respiratorios, del corazón o
de la tiroides. Igualmente, durante los 12 meses previos no habían trabajado en
el departamento de radiología, para comprobarlo se les realizó un análisis de
estrés de oxidación, medida que sería utilizada para la comparación.
Después
de 2 años de trabajo del personal se les volvió a tomar medidas, tanto del
estrés de oxidación, como de la salud física y mental para comprobar los
efectos de la exposición “laboral” a los rayos X en un ambiente
controlado como es el clínico.
Los
resultados informan que, a mayores niveles de estrés oxidativo, mayor
afectación en la memoria verbal, en la atención selectiva, en la iniciativa de
la persona y la velocidad psicomotora.
Igualmente,
se observaron diferencias hombre-mujer a la hora de presentar trastornos de
somatización, de depresión mayor y de ansiedad, siendo en los tres casos más
elevados en mujeres que en hombres.
Entre
las limitaciones del estudio está el no saber cuál es la cantidad de exposición
a rayos x que ha recibido cada uno, presuponiendo que es la misma.
Sobre
las diferencias entre a afectación entre hombres y mujeres pueden ser
explicables por la mayor implicación emocional del cerebro emocional en el
comportamiento de las mujeres ya expuesto por investigaciones anteriores.
El
estudio presta una especial atención a un personal sensible que a pesar de las
medidas de prevención y seguridad en el trabajo siguen sufriendo todo tipo de
“males”, ya sea físicos como psicológicos debidos al estrés oxidante.
Uno
de los problemas del Alzheimer es la diferenciación de las disminuciones en las
funciones físicas y psicológicas independientes de la edad, ya que la vejez conlleva
una reducción paulatina de habilidades.
Es
por ello que se trata de buscar algún índice que sea capaz de distinguir entre
lo normal y lo patológico, con lo que poder establecer un diagnóstico más
acertado, pero también para poder diseñar fármacos que puedan frenar el avance
de la enfermedad de Alzheimer e incluso poder revertir los efectos de la
enfermedad.
Uno
de los mejores candidatos para esto, es precisamente el estrés oxidativo, ya
que está presente en diversas patologías degenerativas, entonces ¿Está
relacionado el estrés oxidativo con el Alzheimer?
Esto
es precisamente lo que tratan de averiguar desde el Centro Médico de Salud
Mental Qingdao (China) cuyos resultados han sido publicados en la revista
científica Bio Med Research International. En el estudio participaron cuarenta
pacientes con Alzheimer sin síntomas, treinta y siete pacientes con diagnóstico
de la enfermedad de Alzheimer con síntomas conductuales y psicológicos, y como
grupo control treinta y nueve personas de la misma edad, pero sin dicha
enfermedad.
A
todos ellos se les realizó un análisis de sangre para buscar los distintos
niveles de homocisteína en plasma, como factor determinante del estrés
oxidativo. Los resultados muestran diferencias significativas en los niveles de
homocisteína en plasma entre los pacientes con Alzheimer frente al grupo
control, igualmente los pacientes con síntomas conductuales y psicológicos
mostraron mayores niveles homocisteína en plasma. Estas diferencias
significativas relacionan el estrés oxidativo con una disminución de
capacidades psicológicas.
Los
resultados son importantes, pero todavía no queda suficientemente claro si
estas diferencias pueden explicar el avance de la enfermedad, de cualquier
forma, es un factor más que hay que considerar a la hora de preparar un
tratamiento farmacológico que combata sus efectos.
Por
lo que se puede concluir, tal y como ya apuntaban algunos estudios previos, que
el estrés oxidativo está significativamente más presente en la enfermedad de
Alzheimer.
Como
profesional de la salud mental, y en concreto como psicólogo, el orden de
preocupación sobre las principales causas en cuanto a la aparición de la
enfermedad de Alzheimer serían las causas individuales, las ambientales y por
último las genéticas.
Si
en cambio se pregunta a un biólogo, lo más seguro es que el orden sería las
causas medioambientales, las genéticas y las individuales.
Y,
por último, si se pregunta el orden a genetista, sería el genético, el
individual y por último el ambiental.
Esto
aparentemente puede que no tenga mucho sentido, pero es fundamental ya que
determina cómo se enfrenta el conocimiento de la enfermedad de Alzheimer, y
según esto, cómo se puede intervenir tanto en la prevención como en el tratamiento,
e incluso en la búsqueda de la cura.
Si
la aproximación es la psicológica, los esfuerzos se harán en mantener el mayor
tiempo posible las capacidades cognitivas intactas, especialmente las de la
memoria, desarrollando técnicas neuropsicológicas que permitan mantener el
mayor tiempo posible la independencia del paciente.
Si,
por el contrario, se realiza una aproximación biologicista a la enfermedad del
Alzheimer, se tratará de identificar y retirar los factores medioambientales
facilitadores de la aparición, mantenimiento y aceleración del proceso
degenerativo de esta enfermedad, y una vez identificados, se podrán diseñar
planes de prevención y tratamiento basados en neutralizar los esos de esos
factores.
Por
último, si la aproximación es más bien genetista, se buscarán los genes
implicados en el origen de la enfermedad de Alzheimer, y una vez identificado
se diseñarán pruebas de diagnóstico temprano, para conocer el riesgo genético
de sufrir esta enfermedad y de ahí diseñar terapias genéticas específicas para
cada paciente con lo que luchar contra el avance de la enfermedad.
Como
se ha podido comprobar según la aproximación del investigador, así va a centrar
sus esfuerzos en una variable u otra, lo que va a determinar sus posibles
resultados.
Pero
el ser humano es mucho más complejo, tal y como lo es la enfermedad de
Alzheimer, y requiere de una intervención multidisciplinar, donde se valoren
cada uno de los factores implicados, ya sean individuales, medioambientales y
genético, e igualmente se tengan en cuenta estos factores a la hora de diseñar
pruebas de diagnóstico, así como los tratamientos oportunos para la lucha
contra el avance de la enfermedad, mientras se investiga la cura de la misma.


Capítulo 3. Consecuencias del Alzheimer

Si
bien, cuando uno piensa en las enfermedades, lo suele hacer en sus consecuencias
finales, por ejemplo, cuando se habla de cáncer, rápidamente viene a la cabeza
la posibilidad de un acortamiento de la vida.
En
el caso concreto de la enfermedad de Alzheimer, cuando uno lo escucha, no se
preocupa tanto del fin de la vida, como del sufrimiento que va a tener que soportar
y sobre todo de la pérdida de calidad de vida del paciente.
Una
circunstancia dolorosa para todos los implicados, de una enfermedad que actualmente
no tiene cura; casi como una condena para aquella persona que recibe el
diagnóstico.
Pero
si la situación es dramática para un anciano, lo es mucho más cuando se trata
de un adulto en pleno desarrollo, debido a un caso de Alzheimer Precoz.
Aunque
el porcentaje de estos casos es menor, los efectos psicológicos sobre la
persona y sus familiares es aún mayor.
Todo
el mundo acepta, que, con la edad, aparezcan los “achaque”, los
problemas de salud, y que, con el tiempo, vaya “fallando” el
organismo.
Así
es “normal” ver personas mayores con algún tipo de cojera, con
dificultades auditivas, o incluso de memoria.
Y
dentro de esta “normalidad” se acepta que alguno de estos
“achaques” se conviertan en problemas de salud, pasando la persona a
vivir en una silla de ruedas, a perder la visión o a sufrir la enfermedad de
Alzheimer.
Pero
cuando un adulto, con 30 a 40 años sufre un problema de salud de este tipo, no
es “comprensible” ni aceptado por el paciente y sus familiares.
A
diferencia del anciano, que ya ha tenido su vida, ha tenido la oportunidad de
tener pareja, descendencia, una profesión, e incluso de disfrutar de su
jubilación.
A
diferencia de eso, en el Alzheimer Temprano, la persona apenas está
consiguiendo sus primeros “frutos” de tanto y tanto esfuerzo como se
invierte durante la juventud.
Ya
se encuentra preparado, con una pareja y quizás con hijos, pero todavía le
queda mucho por lograr en la vida.
Unos
sueños y unas metas que se ven truncados cuando llega la enfermedad de
Alzheimer y sus consecuencias.
Y
para colmo de males, un alto porcentaje de la causa del Alzheimer Temprano es
genético, por lo que, si se ha tenido descendencia, a estos siempre les quedará
la duda de si son portado de esta enfermedad, y de si llegando a los 30 o 40
años se les “acabará” la vida tal y como la han conocido.
Nada
más hay que pararse a pensar cómo se sentiría uno si recibiese la noticia sobre
que se padece una enfermedad incurable, crónica y degenerativa, y que a pesar
de lo que se pueda hacer, se va poco a poco perdiendo capacidades empezando
desde la más básica y fundamental, la memoria.
Y
que, con el tiempo, y después de mucho sufrimiento, por parte de paciente y de sus
familiares, casi al final, ya no será capaz de identificarlos a ellos, y ni
siquiera a sí mismo, y todo ello a pesar de los muchos esfuerzos que se hagan
por ejercitar la memoria o cualquier otra intervención mientras no se descubra
la cura de la enfermedad de Alzheimer, pero, si esto mismo, se lo dicen, 20 a
30 años antes de lo “esperable”, es decir, con 30 a 40 años, ¿Cómo se
sentiría?
Aunque
a veces uno no se da cuenta hasta que lo pierde, se está moviendo por el mundo
gracias a la memoria. Por ella se sabe lo que se tiene que hacer cada día, se
reconocen los lugares visitados y las persona que se encuentra por la calle o
en el trabajo, se tienen relaciones saludables con los conocidos y sobre todo y
más importante se puede identificar uno a sí mismo, como personas diferentes
del resto, con una identidad y personalidad propia.
La
pérdida de la memoria va ir afectando a cada uno de los ámbitos comenzando, lo
que va a ir provocando un sufrimiento progresivo, no solo en el paciente que ve
cómo cada vez se va viendo más limitado, sino en las personas de su ambiente,
que no entienden las reacciones propias de la pérdida de memoria.
El
que no devuelve el saludo de alguien que hasta hace poco era conocido y con el
que incluso podía haber tenido una amistad más o menos cordial. El no conocer a
los compañeros con los que se ha trabajado, o con los que se viaja, o
simplemente se reúne en algún lugar lúdico.
El
olvidar las fechas importantes familiares o incluso empezar a no saber quién es
quién dentro de la familia. Todo ello va a crear un malestar por parte de las
terceras personas que no van a provocar sino un mayor sufrimiento en el
paciente, pues se da cuenta de que está haciendo daño a otros, y no entiende
del todo el motivo, pues es algo que ni lo hace queriendo.
Es
por ello que, si no se tiene en cuenta y se cuida mucho, tratando de implicar a
las personas conocidas y familiares en el conocimiento de la enfermedad, el
paciente sufrirá un aislamiento progresivo de su medio ambiente, principalmente
por incomprensión, lo que hará que tenga menos estímulos sociales, tan
necesario para sobrellevar los momentos de la enfermedad, con los que se
favorecerá un peor pronóstico.
A
pesar de que al paciente le cueste a veces reconocer su problema, debido a que
va “rellenando” las lagunas de memoria, formando “falsos
recuerdos” y fabulaciones, para dar cierta coherencia a su propio
discurso, llegándose la persona a creerse lo que dice.
Lo
que no debe de confundirse con las mentiras, ya que en los pacientes de
Alzheimer no existe una intención de engañar a la otra persona, tergiversando y
manipulando la realidad, simplemente la persona es incapaz de acordarse de los
acontecimientos y trata de superar su situación mediante invenciones que llega
incluso a creerse.
<<La
enfermedad de Alzheimer es una demencia cortical que produce alteraciones
cognitivas (alteración de memoria, afasia, apraxia y agnosia progresivas)
alteraciones funcionales (pérdida progresiva y finalmente completa de la
independencia funcional) y alteraciones conductuales muy diversas y variables y
con frecuencia graves.
Centro
de Referencia Estatal del Alzheimer>>
Existen
varios tipos de memoria, cada una de las cuales va a irse viendo afectada poco
a poco por la enfermedad, con lo que sus consecuencias externas van a pasar de
provocar sospechas en los familiares de que algo no funciona, a ser evidencias
innegables hasta llegar a la dependencia absoluta para cualquier actividad.
*
La memoria episódica, así denominada a aquella que se utiliza para almacenar y
recuperar información de acontecimientos, que han ocurrido en el pasado, es
decir, episodios de la propia historia.
*
La memoria declarativa, por la cual somos capaces de denominar los objetos con
su nombre, así la “mesa” hace referencia a un tablero puesto encima
de cuatro patas.
*
La memoria operativa, es la que permite realizar actividades simples o que
requieren cierto seguimiento de tareas sucesivas, como por ejemplo vestirse.
*
La memoria instrumental, por la cual se conoce que una llave sirve para abrir
algo y no una botella.
Todo
ello ejemplifica cómo la memoria va más allá de lo que normalmente se
considera, que es guardar datos, fechas u acontecimientos.
Igualmente,
el proceso de memoria es más complejo que simplemente recordar, para que quede
una “huella de memoria”, lo primero que hay que hacer es captar la
información del ambiente, para lo que se requiere de atención, sin la cual se
pasará desapercibido.
Esta
información pasa de los sentidos, vista, oído, olfato, gusto y tacto, al
cerebro, el cual lo mantiene durante unos minutos en lo que se denomina Memoria
a Corto Plazo.
En
ese tiempo la información debe de ser analizada por el cerebro para comprobar
si se trata de algo nuevo, algo que “ya se sabía”, o incluso una
modificación de lo que ya se sabía.
Ya
que no “antiguo” no se vuelve a guardar, pero sí lo nuevo y las
modificaciones, lo que permite el aprendizaje; una vez que el cerebro ha
decidido que la información es relevante para registrarse pasa a la Memoria a
Largo Plazo, donde permanecerá por semanas, meses e incluso años.
Cuando
se trata de recordar algo, se accede a lo registrado en la Memoria a Largo
Plazo.
Este
es un circuito complejo, donde cualquier interrupción del proceso puede hacer
que la persona sea incapaz de recordar algo. Por ejemplo, si no se presta
atención no se puede aprender, ya que no se ha llegado a analizar la
información y por tanto no hay huella de memoria.
Si
la información no se registra adecuadamente, pasando de la Memoria a Corto
Plazo a la Memoria a Largo plazo, luego no se podrá recuperar, pues no hay
huella de memoria.
En
el caso de que exista huella de memoria, el proceso de recuperación puede verse
afectado, siendo incapaz la persona de recordar lo que sí sabe.
Luego
el especialista cuando se enfrenta ante un problema de memoria debe de explorar
todas estas posibilidades para determinar en dónde está el problema, y
descubrir cuál es su causa, y todo ello antes de poder establecer el
diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer.
Un
aspecto algo olvidado desde el ámbito de la investigación en con respecto a la
vivencia emocional de los pacientes con Alzheimer, centrados los esfuerzos en
descubrir nuevos tratamientos más eficaces, a veces se pasa por algo que lo
importante es la persona, y sobre todo el mundo emocional en el que todos se
vive inmerso.
Los
ancianos han tenido muchas experiencias positivas y negativas en la vida, pero
eso no quita que sean sensibles a los disgustos.
A
medida que se vive se acumula experiencia, lo que permite saber cómo afrontar
las situaciones que van surgiendo, sean estas positivas o negativas. Eso hace
que al conocer cómo actuar ante estas circunstancias, las emociones que se
generan afectan menos, al menos así se ha estado creyendo durante mucho tiempo.
Paralelamente
se han desarrollado investigaciones que analizan la influencia de las emociones
en la salud, así una emoción “fuerte” o impactante, puede causar
desajustes temporales en la persona, la cual con el tiempo se recupera de la
“impresión”.
Pero
estas investigaciones se han centrado principalmente en las emociones
positivas, tratando de conocer, para luego potenciar cuáles son las condiciones
más propicias para las emociones positivas a determinadas edades, especialmente
sensibles a lo que se conoce como “tercera edad” e incluso la
“cuarta edad” para los más longevos.
Luego
uniendo ambas corrientes de investigación y yendo un poco más allá, sobre todo
con las emociones negativas, aquellas que provocan un mayor impacto por su
carga emocional desagradable, todavía queda por saber ¿Cómo afectan los
disgustos a los más ancianos?
Esto
es precisamente lo que trata de confirmarse desde la Universidad de Carnegie
Mellon (EE.UU.) cuyos resultados han sido publicados en la revista científica
Health Psychology.
En
el estudio participaron seis mil ochocientos diecisiete mayores de 50 años,
provenientes de un estudio longitudinal previo denominado Health and Retirement
Study (H.R.S.) realizado durante el 2006 al 2010.
A
todos ellos se les administraron diversos cuestionarios estandarizados
sociodemográfico; su salud, el número y gravedad de los casos en los que
recibían disgustos, según proviniesen de su pareja, hijos, otros familiares o
amigos; y su estado de ánimo, añadido a los cual se le tomó la presión
sanguínea.
Estos
resultados fueron comparados con los estándares esperables en función de su
edad y condición sociodemográfica, previamente establecido, se excluyeron del
estudio aquellos que mostraban hipertensión basal y a los que se les
administraban medicamentos para controlar su tensión.
Los
resultados indican que lejos de proteger la edad frente a los disgustos, a
medida que se va haciendo mayor cada vez se es más sensibles a las emociones
negativas, al menos así lo entienden los investigadores al encontrar que en 4
años de estudio un 29% de los participantes habían desarrollado hipertensión,
relacionada en un 38% con las vivencias emocionales negativas.
Esta
relación se da con mayor intensidad en mujeres, con edades entre los 50 a 65 años,
y provienen principalmente de la familia y de las amistades.
A
pesar de que los resultados parecen claros, todavía hay un 62% de casos de
hipertensión no explicados por las emociones negativas de los disgustos.
Las
diferencias hombre mujer, han sido señaladas, pero no explicadas adecuadamente
sobre cuál puede ser su origen; si se trata de algo biológico, por la
experiencia vital o por otros factores que “protejan” la tensión del
hombre frente a estos disgustos y que en cambio a la mujer le afecta de forma
tan negativa, que le hace perder la salud.
Una
vez conocido cómo van cambiando los sentimientos y emociones en los ancianos, se
puede abordar cómo varían estos en los pacientes con la enfermedad de
Alzheimer.
A
medida que vaya avanzando la enfermedad, va a ir cambiando poco a poco la
persona, tanto en su carácter, como en su forma de pensar y de relacionarse.
Esto se debe a varios factores, el primero de ellos, es consecuencia directa de
su enfermedad, pues cada uno es como es, por su experiencia vital que ha marcado
durante la vida, hechos y acontecimientos que se tienen muy presentes cada día
y que hacen ser, pensar y expresarnos como lo se hace, pero cuando estas
experiencias del pasado se van olvidando, la forma de ser va perdiendo sentido
y diluyéndose como si el paciente hubiese perdido sus rasgos más definitorios.
Al
contrario de lo que cabría pensar, la persona que sufre esta enfermedad va a
verse sometida a múltiples cambios de humor a lo largo del proceso, sobre todo
dado por la frustración de ver cómo poco a poco va perdiendo el control de su
vida y sobre todo de sí mismo, la incapacidad para recuperar los recuerdos a
voluntad y de lograr tener una vida aceptable.
Igualmente,
este enfado puede ser reflejo del aislamiento que va sufriendo, por parte de compañeros
y amigos e incluso de la propia familia, que para que no les moleste van
dejando un poco de lado al paciente.
Todo
ello va a ir unido a los momentos de claridad de consciencia en los que se da
cuenta del sufrimiento que provoca en la familia y del cual no sólo no quiere
ser responsable, sino que además se siente mal por ello, lo que acrecienta su
sentimiento de impotencia.
Además,
y según la edad del paciente, los sentimientos van a ser experimentados de
forma diferente, pues lo que se pierde, cuando uno está más próximo a su final,
es tanto o más importante que cuando está a la mitad de su vida.
A
diferencia de otras enfermedades, en que se pone en riesgo la salud física, en
que esta se puede ver mermada, cuando se trata de la salud psicología, quien
más lo sufre es precisamente quien más experiencia vital ha tenido, pues se da
cuenta de tanto y tanto que va perdiendo.
Pero
si se habla de emociones en las personas mayores, ya sean que padezcan o no la
enfermedad de Alzheimer es imprescindible hablar sobre uno de los principales
problemas que se puede sufrir, los maltratos, ya sean verbales o físicos. Una
situación que tiene escasa repercusión en los medios de comunicación, salvo
excepciones dado la gravedad del caso, o cuando se abandona al anciano en una
gasolinera o un hospital, para no hacerse cargo del mismo.
Un
maltrato del que todavía existe poca conciencia social, a diferencia del
maltrato de género o del maltrato al menor, pero que es tanto o más grave que
cualquiera de los dos anteriores, ya que se produce sobre una población
indefensa, debilitada por el paso del tiempo y que en muchos casos sufre alguna
enfermedad. Este maltrato sobre los ancianos, suele provenir tanto desde el
círculo más próximo de la familia, como desde los cuidadores cuando los
atienden.
La
forma de expresarse este maltrato puede ser tanto verbal, a través de insultos,
amenazas, o menosprecio, o física ya sea mediante agresión directa o impidiendo
que el anciano realice alguna actividad, como por ejemplo salir a la calle. Que
se conozca, todavía no existe un perfil claro del agresor, ni los
“motivos” que le impulsan a maltratar al anciano, ya puedan provenir
estos de problemas sociales, familiares o económicos.
Las
consecuencias de dicho maltrato son igual o más graves que las del maltrato de
género o del menor, ya que en estos dos existe tiempo para
“recuperarse” e incluso poder llevar una vida normalizada con
posterioridad, pero los ancianos no tienen ese tiempo.
El
maltrato ya sea físico o verbal, va a tener importantes efectos tanto a nivel
psicológico en el estado de ánimo de la persona y en su autoestima, como a
nivel físico, tanto por las consecuencias de la agresión, como por que se ve
afectado el sistema inmunitario con una reducción de las defensas y como consecuencia
con una peor salud.
A
ello hay que unir un clima de tensión, ansiedad e incluso temor que desarrolla
el anciano, cuando debe de convivir con su maltratador, sin saber cuándo
volverá a agredirle, o si esta vez lo hará con una mayor gravedad.
Pero
cuando este maltrato lo viven ancianos que ya están sufriendo alguna
enfermedad, la situación es más grave, ya que va a ir en detrimento de la
recuperación de su enfermedad y en el agravamiento de su sintomatología.
Una
de las enfermedades más graves que pueden sufrir los ancianos es el del
Alzheimer, tanto por sus consecuencias cognitivas como de calidad de vida del
paciente, pero ¿Qué influencia tiene el maltrato en el Alzheimer?
Esto
es precisamente lo que trata de investigarse desde la Universidad de Florida
del Sur, la Universidad Estatal del Sur de Connecticut (EE.UU.) cuyos
resultados han sido publicados en la revista científica Aging Science.
Los
datos que se analizan en este estudio se extrajeron de uno mayor denominado
Aggression and Violence in Community Based Alzheimer’s Families Grant, en el
que participaban más de seis mil personas. De los participantes se hizo una
primera criba atendiendo a los siguientes criterios: ser mayor de 60 años,
estar diagnosticado con Alzheimer siguiendo los criterios N.I.N.C.D.S./A.D.R.D.
al menos 3 años antes del estudio, tener un nivel de normal de habilidades cognitivas
según el M.M.S.E.
Con
lo que al final se registraron las respuestas de doscientos cincuenta y cuatro
cuidadores y setenta y seis pacientes diagnosticados con Alzheimer.
A
todos ellos se les administró un cuestionario estandarizado sobre la resolución
de la conflictividad intrafamiliar denominado Conflict Tactic Scale (C.T.S.),
que evalúa tres estrategias de resolución de conflictos intrafamiliares, el
razonamiento, la agresión verbal y la física.
Los
resultados indican que el razonamiento es el medio más habitual de resolución
de conflictos tanto por parte de cuidadores como de los propios pacientes con
el 91,4% y 89%, situación que se reduce en el último año de la enfermedad,
pasando al 66,3% y al 45,3% respectivamente.
Lo
que muestra que el avance de la enfermedad va a tener una influencia directa en
el deterioro del uso del razonamiento como vía de solución de conflictos.
En
cambio, en el último año de estudio se elevaron los niveles de resolución
mediante agresión verbal hasta el 59,3% y 68,7% respectivamente; siendo en menor
medida, aunque no por ello menos preocupante la agresión física, en un 16,8% y
un 24,2% respectivamente.
Los
datos no dejan lugar a dudas de la preocupante situación que sufren los
enfermos de Alzheimer, en cuanto que son receptores de maltrato por parte de
sus cuidadores y familiares.
Destacar
que parece existir un círculo vicioso de violencia que se instaura a medida que
la enfermedad avanza, ya que los niveles de agresividad verbal y física han
aumentado desde los cuidadores hacia el anciano, pero en mayor medida desde
este hacia sus cuidadores y familiares, tanto verbal como físicamente.
El
estudio a pesar de ser claro en sus resultados no entra a valorar las
motivaciones que pueden estar detrás de este cambio de tendencia hacia la
violencia.
Como
se ha comentado, el mundo emocional, escasamente atendido, es fundamental para
el paciente, por lo cual debe ser evaluado y tratado, tal y como se haría con
cualquier otra capacidad cognitiva o motora de la persona.
La
importancia de las emociones no va a quedar en una mera “queja” de la
enfermedad, ya que va a determinar la vivencia misma de la enfermedad, el
esfuerzo que se haga o no por superar las consecuencias de la misma, y, en
definitiva, la calidad de vida del paciente.
Aunque
no conozco investigación al respecto, entiendo que al igual que se ha visto con
otras enfermedades, donde las vivencias emocionales de la enfermedad pueden
precipitar o retrasar la recuperación de la misma, cabe esperar que iguales
resultados se encuentren en el Mal de Alzheimer, donde una actitud positiva y
constructiva va a ayudar a la persona a superar las limitaciones diaria que va
a sufrir debido a la enfermedad; mientras que una actitud negativa, no va a
hacer si no poner de mal humor a la persona, con lo que facilitará tener
“roces” con los demás, enturbiando con ello la convivencia y afectando a la
calidad asistencial que va a recibir.
A
pesar que la atención suele recibirla de profesionales cualificados, es cierto
que cuando un paciente se muestra arisco e irascible, recibe menos atenciones
que cuando es amable y amistoso, ya que es parte de la naturaleza humana,
acercarse a aquello que resulta agradable y alejarse de aquello que no.
Igualmente,
un mundo emocional descuidado, puede facilitar la aparición de trastornos del
estado de ánimo como con el caso del Trastorno por Depresión Mayor, lo que va a
tener además graves consecuencias sobre la salud, física y mental, y que va a
requerir de una intervención complementaria a la que estaba recibiendo debido a
la enfermedad de Alzheimer.


Conclusiones

Este
libro ha tratado de servir como primera aproximación al Alzheimer, resolviendo
las dudas propias o por tener algún familiar padeciéndolo, siendo también
material de consulta para quien quiera profundizar en el conocimiento de las
últimas investigaciones sobre esta enfermedad.
Se
han presentado explicaciones claras y sencillas de asimilar sobre la enfermedad
de Alzheimer, las causas de la misma y las consecuencias que va a tener sobre
la vida diaria del paciente y sus familiares.
Los invitamos desde aquí responder sus
dudas, puesto que el trabajo en mirada  holistísca
es nuestro objetivo desde el Discapacidad o Capacidades diferentes a cargo de
Carolina Torres, Y el Doctor Lazarte, director de la IX Delegación, Rosario,
Santa Fe.
Consulta: paliar el dolor es aproximarse a
las formas de la naturaleza. Vejez es una de ellas.

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