CHE, luchar por un mundo mejor // Nueva biografía, sobre el ícono de la izquierda mundial.-

presenta
“CHE, luchar por un mundo mejor”
                                                                 
de Pacho O´Donnell
Una
nueva versión, con nueva documentación e información, de la biografía de
Ernesto CHE Guevara que se lee en todo el mundo, traducida a nueve idiomas.

El libro describe con detalle la biografía humana y política
del Che. Su asma recurrente y perpetua, sus deseos de combatir la injusticia,
la lucha por la igualdad de los pueblos, su pelea frente al imperialismo
“yanqui”, incluso sus diferencias con los líderes de la URSS. Escrito con
detalle y agilidad, este libro recorre la infancia, juventud, combates,
decisiones transcendentales, familia y amores de este icono de la izquierda
mundial. No es una biografía al uso. Se trata de un libro ameno, escrito con
brillantez literaria que aporta nuevos datos gracias a la minuciosa
investigación que el autor ha llevado a cabo con mujeres y hombres que
conocieron al Che y con documentos descatalogados de la CIA.
Fragmento
/
Fidel eligió
sus mejores ochenta hombres, número al que podía armar convenientemente, y con
ellos decidió atacar el bien defendido cuartel de El Uvero. Divididos en tres
pelotones, conducidos por Fidel, Raúl y Camilo, llegaron al lugar luego de
marchar toda la noche. El Che tenía la misión de cubrir con su ametralladora
uno de los flancos.
Tardaron casi tres horas en tomar
el cuartel y el combate fue furioso. A los rebeldes les costó quince heridos,
pero el ejército de Batista sufrió catorce muertos, diecinueve heridos y
otros catorce prisioneros. Para el Che fue “la victoria que marcó nuestra
madurez. A partir de esta batalla, nuestra moral creció tremendamente; también
aumentaron nuestra resolución y nuestras esperanzas de triunfar”.
No bien ingresó en el cuartel el
Che se ocupó de los heridos. Tuvo que cambiar una vez más el fusil por el
‘uniforme’ de médico que, en la práctica, consistía sólo en un lavado de manos
para quitarse la tierra y los rastros de pólvora. El médico del ejército estaba
tan asustado que no podía atender a nadie por lo que el doctor Guevara se hizo
cargo de todos, por orden de gravedad, sin distinguir entre propios y
enemigos.  Luego recibió la orden de permanecer en el lugar con los
maltrechos mientras Fidel se alejaba con quienes estaban en condiciones de
combatir lo más rápidamente posible pues se aproximaba un batallón enemigo.
“Conmigo quedaron mis ayudantes
Joel Iglesias y Oñate, un práctico llamado Sinecio Torres y Vilo Acuña, que se
quedó para acompañar a su tío herido, Manuel, y siete heridos, de ellos cuatro
graves que no podían caminar”, escribiría el Che en su diario. Años después
Acuña con el seudónimo de ‘Joaquín’ acompañaría al Che también en
Bolivia como jefe de su retaguardia y allí perdería su vida en la emboscada de
Puerto Mauricio.
Apenas pudieron cubrir cuatro
kilómetros hasta un rancho abandonado donde permanecieron un día reponiéndose
del cansancio y de las heridas, pero debieron continuar la huida para no caer
en manos del ejército. A tres de sus hombres había que cargarlos. “Las
marchas eran fatigosas e increíblemente cortas -asegura el Che-. Los heridos
tienen que ser transportados en hamacas colgadas de un tronco fuerte que
literalmente destroza los hombros de los portadores, que tienen que turnarse
cada diez o quince minutos, de tal manera que se necesitan de seis a ocho
hombres para llevar un herido en esas condiciones”. Estaban agotados y
encima la lluvia hacia más difícil el traslado. Cuando ya desesperaban
divisaron una casa que pertenecía a la familia Pardo que los alojó
valientemente durante un mes.
 El Che, por su parte,
aunque no había sufrido lesiones por las balas tampoco podía moverse por el
asma. Se le habían acabado los medicamentos y trataba de disminuir sus ahogos
fumando la hoja seca de ‘clarín’, un remedio de la sierra que le harían acordar
a los cigarritos ‘del doctor Andreu’ que inhalaba durante sus crisis
infantiles. Una campesina, La Chana, recordará que el argentino al asma
“trataba de contenerla, de amansarla. El se refugiaba en un rincón, se sentaba
sobre una piedra y la dejaba descansar. No le gustaba que una le tuviera lástima”.
Pese a su debilidad recorrió el
camino en forma inversa para recuperar las armas que sus hombres fueron tirando
para poder transportar a los heridos. No estaba dispuesto a que Fidel lo
reprendiera dos veces por la misma causa. Luis Crespo, aquel que ayudase al
argentino cuando el desembarco del Granma, fue testigo del encuentro el 16 de
junio: “¿Tú sabes lo que es que llegue y le diga a Fidel: ‘Vos, ahí tenés mi
tropa’. Con todas las armas viejas que Fidel había dejado guardadas en el
Uvero. Recogió todas las armas rotas. ¡Todo lo recogió, todo!.” Además había
aumentado su fuerza a veintiséis hombres con varias incorporaciones de
campesinos. Fue ese un gran día para el Che.
Para mayor alegría supo que otro
médico, el doctor Martínez Páez, se había unido a la guerrilla y entonces el
argentino se sintió relevado de sus obligaciones asistenciales. Cuando le
regaló su instrumental y su botiquín al nuevo, avisó: “Desde hoy dejo de
ser médico para ser guerrillero”.
Poco después, el 22 de
julio, Fidel, convencido ya de su valía, lo eligió para convertirlo en el
primero en recibir el grado de Comandante.  Y lo hizo sin ninguna
ceremonia. Fue en ocasión de enviarle una carta a Frank País, condoliéndose por
la muerte de su hermano asesinado por el gobierno, cuando en el momento en que
el Che la firmaba e iba a poner su cargo de “médico del Estado
Mayor”, Fidel le ordenó: “Pon Comandante”. Ernesto Guevara anotó
en su diario que ese día se sintió “el hombre más orgulloso de la
tierra” e hizo referencia al símbolo de su nombramiento, una pequeña
estrella que prendería en su boina y que la emblemática imagen de Korda, el
fotógrafo cubano, inmortalizaría en millones de posters, pancartas y
murales. 

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