El Coleccionista de Insultos (Cuentos)

presenta

El Coleccionista de Insultos:

Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes.
A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario.
Cierto
día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la
casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación:
esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento, y, gracias a su
inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con
velocidad fulminante.
La Dieta de 3 Semanas

El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla.
Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.
Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío.
Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo:
Arrojó
algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos
los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros.
Durante
varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el
viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y
humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.
Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿Cómo
ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun
sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde
ante todos nosotros?
El viejo samurai repuso:
-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.
-Pues
lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el
maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los
cargaba consigo.

Reflexión:

¿Qué pasaría si no cedemos a provocaciones, insultos e intentos
de humillación? No podemos cambiar la actitud de los demás, pero podemos
elegir no entrar en el juego, y no caer en la provocación. ¿se os
ocurre algún ejemplo de vuestro día a día en donde podáis aplicar las
enseñanzas del maestro samurai? …

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