i=Una buena Preguntita banal (crítica)

presenta
dirigida por el gran George Lewis

Todos tenemos un día a la semana para hacer esos trámites
que están pendientes. Y yo básicamente lo hago los miércoles. Me parece que es
el día que menos gente voy a encontrar en la cola. Y así fue, me acerque al
ministerio en cuestión, y me dijeron… “ese trámite se hace en el primer
subsuelo” y me indicaron donde estaban las escaleras. Cuando llego al lugar
indicado me encuentro con un solo empleado, y nadie en la cola de espera. Para
mis adentro me dije “esto es pan comido”, y rápido me acerqué a aquel empleado
rodeado de expedientes. Luego de un saludo cordial de mi parte, este lo único que
hizo fue levantar la mirada… y decirme… “saque número”.
Por un momento me pareció una gran joda, pero muy lejos
estaba de eso. Mire alrededor, pero no solo que no había nadie… sino que
tampoco había un lugar donde sacar el dichoso número. Por lógica vuelvo a interrumpir
a este hombre rodeado de papeles y de sellos, para preguntarle donde debía sacar
el numero… Lo que provocó, que se levantara de muy mala gana, y de un lugar
entre sus archivos sacara un número y me lo diera. Con una frase que suelo escuchar…
“Espere ahí sentado hasta que lo llamen” …
Al lado de las sillas que había en el salón de espera, había
una mesa ratona, donde se encontraban folletería en general, y entre ellas una
gacetilla de la obra “i=Una buena
Preguntita banal” de Jean Tardieu… dirigida por el gran George Lewis. Y me pareció
una buena idea ver esta obra.
 La Dieta de 3 Semanas

Teatro:

“i=Una buena pregunta banal” se presenta en el Teatro El Método Kairos, que se encuentra en El Salvador 4530
C.A.B.A. todos los sábados a las 21Hs. El espectáculo cuenta con una capacidad
de 90 espectadores aproximadamente. Y como sabemos el teatro cuenta con una
interesante confitería para los que llegamos con tiempo. Como así también el
ingreso a la sala cuenta con la suficiente comodidad, para persona con cierta
discapacidad. Como así también baños adaptados para dichas personas. Y por
sobre todas las cosas, una atención muy cordial de parte de los empleados del
espacio. Algo que siempre es bueno destacar.

Obra:

La sala de espera estaba casi
llena, y un empleado de El Método Kairos,
nos da la bienvenida y no dice que por favor apaguemos los celulares. Y acto
seguido nos invita a ingresar a la sala.

Ni bien ingresé, me di cuenta que había
una especie de jaula, que aparentaba ser una oficina.
Una vez que estábamos todos en sus
respectivos asientos las luces se apagan, y muy lentamente se vuelven a encender.
Dentro de esa oficina (jaula) se encontraba uno de los actores… que en su
absoluto silencio nos empezó a contar muy hábilmente que es lo que estaba sucediendo.

Minutos más tarde ingresa un actor
más a la escena…. De una manera muy particular. Que, sin decir una sola
palabra, nos empezó a robar sonrisas. Por un momento me vi en escena, cuando
estaba haciendo el tramite el miércoles pasado. Todo ocurre en su justo tiempo.
Nada en la obra es apresurado. Cada movimiento de los actores está muy bien coordinado
y estudiado. Los diálogos no son extensos, ni tampoco son monólogos. Siempre
hay una pregunta, y de forma muy rápida y casi espontánea una respuesta.

Con una frase muy particular se presenta
la obra en su gacetilla “Solo hay dos
cosas ciertas en la vida: una es que vamos a morir. La otra, es que no sabemos cuándo”

Creo que fue esta frase, resume a la perfección la obra. Si bien la propuesta teatral
es un Drama, el director George Lewis,
supo cómo dirigir muy bien a Diego de
Paula y a Federico Falasco para
que esta espléndida pieza teatral nos mantenga atentos a los diálogos y los
silencios, que más de una vez nos invitó a pensar… “Solo hay dos cosas ciertas en la vida: una es que vamos a morir. La
otra, es que no sabemos cuándo”

Agradecimientos:
Muchas gracias a Alicia de Octavia
Comunicación
por la invitación. Muchas gracias a Los integrantes de la obra,
por tan bello momento. Muchas gracias a Teatro
El Método Kairos
, por la excelente atención con la que me tienen
acostumbrado. Y como siempre muchas gracias al maquinista de la Línea B de subterráneos que me trajo de
vuelta a mi casa. –

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