Entrevista a Juan Ignacio Acosta

¿Cómo fue que surgió la idea de
llevar esta obra al Teatro?
Surgió a partir de un
entrenamiento con Marcelo Savignone sobre el territorio del Melodrama. Muchos
de los actores de “Pasares
fueron compañeros míos de ese espacio como entrenamiento actoral. Fue tanta la
emoción, los estados, el aprendizaje encontrado y descubierto que me dije a mí
mismo que debía dirigir una obra así, quedé fascinado por el territorio y la
posibilidad de búsqueda que podía abrirme como director.
¿llevo mucho tiempo el armado de
la obra y como fue la selección de los actores que la representan?
Llevó casi de un año. Con 2 meses
parados por el verano que nos atravesó. Sin embargo, en ese tiempo hubo mucho
laburo de mesa, no de ensayo poniendo el cuerpo. Fue muy bueno el paso a paso.
A los actores los convoqué directamente, a los que me habían gustado el
registro actoral en la dinámica de cada encuentro en Belisario, que ya en ese
espacio me habían provocado algo. Luego para completar el elenco convoqué a
actores amigos que consideraban que daban valor a la obra y lo hacían crecer.
Así fue como se formó el elenco de Pasares con 11 actores.
¿Qué cosa o que sensación has
sentido cuando termino la primera función?
Un placer enorme, una emoción muy
grande. Fue mucho tiempo y dedicación que se puso en armar esta obra. No sólo
de los actores y de la dirección, sino también de todos el equipo artístico: Virginia
Magnago en la colaboración de la Dirección de actores, Zulima Rodríguez en
Vestuario, Ariel Mendieta en Luces, Gabriela Benkier en Asistencia de Dirección,
etc. Creo que todos hicimos un camino muy profundo por encontrar este material
rico y cercano, entonces cuando se fue la primera función me sentí pleno.
Básicamente y sin contarnos el
final de la historia ¿Qué nos cuenta la obra?
Son historias entrelazadas, con
recortes históricos argentinos que permiten contar la historia. Pasares nos habla que frente a una
pérdida hay una posibilidad. Frente a una pérdida se avecinan cambios. Y creo
que la vida es un poco así, a veces se gana y otras se pierde. Por lo menos yo
lo creo así. Y si bien en el melodrama la pérdida es muy profunda y de
sentimientos y emociones muy fuertes, son en esos casos en donde hay más ganas
de hacer una transformación. Estancarse en el dolor y quedarse anclado ahí no
ayuda a crecer. Los personajes en Pasares
se reinventan, eligen, toman decisiones y en definitiva está en esa decisión la
posibilidad de avanzar.  
¿Cuál fue el mayor desafío, al
momento de empezar a armar las distintas partes de la obra?
Unir 11 personajes, contar esta
historia entrelazada con elipsis y con un transcurso del paso del tiempo que va
del 1968 al 1983 con la vuelta de la democracia. Son 15 años que pasan en la
obra y unificar el mundo de Pasares
fue un desafío sin duda. Darle el valor a cada historia, a cada personaje. La
puesta es coral, eso fue un gran desafío.
¿contanos un poco como fue ese
paso de la actuación a la dirección?
Se fue dando paulatinamente, no
creo que haya sido un paso que esté cerrado. Me gustaría volver a actuar, pero
que alguien me convoque, me llame y me dirija. En la UNA (ex IUNA) estudié dirección
y actuación me formé por fuera con distintos maestros. La dirección se me
presentó como una posibilidad de poder vincularme con todos los personajes al
mismo tiempo, creo que es una de las cosas más ricas de la dirección. 
Me imagino que después de estos
años arriba de un escenario debe haber un tipo de obras teatrales que te gustan
más que otras… ¿Cuáles son tus preferidas para actuar y cuales para dirigir?
Tanto para dirigir como para
actuar me gustan las obras teatrales bien contadas, que no son resolutivas y
dan mensajes pedagógicos, por el contrario tal vez son más oscuras y con finales
abiertos, que te dejen pensando. No me gustan las que te entregan con paquetito
cerrado y se ve un mensaje único cuadrado y la tesis de la obra es bajada de
conceptos.  Tengo una debilidad por el
teatro clásico inglés, creo que son las que más entiendo a la hora de dirigir,
no así para actuarlas. Pienso que si me llaman para actuar obras de carácter
cotidiano, conflictos familiares que le son cercano al público por la empatía
que se genera al estilo de Romina Paula con El
tiempo todo entero
o Claudio Tolcachir como fue La omisión de la familia Colleman, por nombrarte algunas y que
además son disímiles entre sí, no
dudo en zambullirme y volver al escenario.  

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