JAMAS ME LEVANTO LA MANO de Marcos Casanova (crítica)

Que mejor plan para un fin de semana, que ir a ver una obra
de teatro. Y en esta oportunidad se encontraba mi hijo adolescente en mi casa,
al que invite y acepto de inmediato.
La propuesta teatral era JAMAS ME LEVANTO LA MANO de Marcos Casanova, que se presenta
en el Teatro TADRON. Y hacia
allá nos dirigimos.
TEATRO:
El TEATRO
TADRON
, se encuentra en la calle Niceto Vega 4802 – C.A.B.A. –  Básicamente es un bar muy pequeño, propio de
la zona, donde tiene algunas propuestas teatrales, entre las cuales las que
venimos a ver. Cuenta con una capacidad de aproximadamente 60 butacas, y un
escenario central, con gradas a los costados del mismo. La comodidad de la
butaca es acorde al estilo del teatro y aceptable a un espectáculo de 60
minutos. El acceso a la sala, está adaptado para personas con cierta
discapacidad. No cuenta con una sala de espera, lo que hace que en algunas
ocasiones los espectadores deben esperar fuera hasta que se le dé apertura de
la sala.
El Bar, parece bastante interesante, ya que por lo se puede
ver cuenta con una carta variada, para que la espera, sea agradable.
OBRA:
Cuando se abren las puertas de la sala, nos invitan a que
ingresemos, previamente nos solicitan que apaguemos los celulares.
Ni bien ingresamos a la misma, se observa que una de las dos
protagonistas de la obra ya se encuentra en escena. Sentada en una silla de
ruedas.
Una vez acomodados en nuestras butacas, se bajan tenuemente
las luces y se da comienzo a la función.
La obra es un drama que viven Fátima (Romi Pinto) y Naiara
(Malena Luchetti),
que conviven como se puede apreciar en una vivienda muy
precaria. Donde pasan días tras día en una constante de reproches y agravios
verbales.
En varios puntos de la obra, el drama se transforma en una
comedia del absurdo, haciendo que nos roben algunas sonrisas inesperadas.
El director de la obra, Cristian
Majolo,
supo aprovechar al máximo el potencial de ambas actrices.  Pero para esto se ensayó más de 6 meses, de
dos a cuatro horas por día. Eso se vio reflejado en la obra. Donde la fluidez
de los diálogos entre ambas en ningún momento se vio cortado. Otro de los
puntos con que el director y las protagonistas debieron trabajar y mucho es el
tener al público dividido en dos partes… uno a cada lado del escenario. Esto
hace que en algunas oportunidades la escena se repetía, para que los
espectadores de ambos lados interpretaran lo que sucedía.
AGRADECIMIENTOS:
Romi Pinto, muchas
gracias por la invitación. Teatro Tadron,
muchas gracias por la atención prestada. Y como siempre muchas gracias al
maquinista de la Línea B de
subterráneos que me trajo de vuelta a mi casa.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*