Hoy entrevistamos a Carolina André, directora de Honorio

¿Cómo fue que surgió la idea de llevar
esta obra al teatro?
La idea madre fue de mi
compañero Mario Sala. Nosotros éramos un grupo de ex alumnos de la escuela de
teatro de Julio Chávez con muchas ganas de concretar algo, pero pasaba el
tiempo, y no lo logramos dar con un material que nos apasionara  hasta que
apareció Mario con esta idea disparador: tres hijos que van al cementerio
a  festejarle el cumpleaños a su padre que murió hace ya 20.
¿Te llevó mucho tiempo el armado de la
obra y cómo fue la selección de los actores que la representan?
Sí. Fue un proceso largo,
intenso, y feliz de dos años de trabajo creativo que se daba de la siguiente
manera: nosotros llevábamos a los ensayos ideas  sobre la que los actores
debían improvisar, los grabábamos y después con ese material seleccionábamos lo
que creíamos que nos podía servir para darle estructura a la dramaturgia. Por
otro lado, estaba la parte de la puesta en escena, que también costó tiempo, trabajo
y dinero: quisimos montar un cementerio en escena con sus tumbas, sus objetos,
y eso fue muy difícil, pero lo logramos. La puesta es algo raro de encontrar en
el teatro off, por su costo y diseño.
Básicamente y sin contarnos el final de
la historia ¿Qué nos relata la obra?
La
obra trata sobre tres hermanos que  le festejan el cumpleaños 60 a su
papá, con la particularidad de que este padre murió hace 20 años y el festejo
es  en el cementerio…
Sin
solemnidades y con muchos pasajes de humor, Honorio cuenta la relación de un
tipo común con  sus tres hijos: Aldo, el mayor,  quien fue el que más
lo conoció.  Julia, que fue quien más afectada quedó después de su
muerte,  y el más chico, Manuel, que no sabe si lo recuerda o todo lo que
sabe de su padre se lo contaron. 
Esa
es la apuesta de Honorio, contarnos cómo ciertos vínculos nos marcan más allá
de la muerte. 
¿Cuál fue el mayor desafío al momento de
empezar a armar las distintas partes de la obra?
Algo que nos pasó cuando
arrancamos fue que todos los actores tenían a sus padres y familiares cercanos
vivos,  y si bien son actores y pueden crear tal situación, tuvimos que
hacer un gran trabajo de grupo: indagar sobre la angustia de la pérdida,
también hicimos trabajo de campo en el cementerio, tratando  de entender
lo que pasa ahí y ver cómo nuestra cultura honra a sus muertos.  Eso fue
muy importante para tener en claro de qué íbamos a hablar en Honorio.
Creo que lo más difícil es
encontrar el punto donde ponerle un corte a la obra, poner la gran palabra FIN
al texto, porque uno cree que el proceso creativo podría ser casi infinito, uno
podría seguir buscando posibles lecturas al texto, sentidos, escenas posibles,
pero en un momento hay que tomar la decisión y hacerlo, jugársela, dejar que la
obra sea de quien viene a verla y aceptar las consecuencias!!! Jajajaj
¿Qué sentiste cuando terminó la primera
función?
Orgullo.
Me di cuenta que necesitábamos estrenar, y que aunque pareciera mágico, todos
los miedos previos se disiparon, y pude ver una obra que me encantó y que como
espectador no te deja afuera, en algún lado te toca, te interpela.
¿Contanos un poco como fue ese paso de
la actuación a la dirección?
Fue
algo muy natural. Elegí generalmente quedarme detrás de escena: además de
entrenarme como actriz, durante mucho tiempo grabé clases de teatro y eso me
permitía ver la evolución a través del tiempo de los actores, ver las
devoluciones que hacían los maestros, y eso te ayuda a entrenar la
mirada.  También trabajo en producción audiovisual  y me siento muy
cómoda dirigiendo a actores para castings, es algo que me gusta. Y sobre todo,
creo que lo más importante fue hacerlo junto a Mario, a quien admiro y con
quien por suerte coincidimos en muchas cosas en relación al trabajo.
Me imagino que después de estos años
arriba de un escenario debe haber un tipo de obras teatrales que te gustan más
que otras… ¿Cuáles son tus preferidas para actuar y cuales para dirigir?
Jajaja, 
¡no son muchos años! Honorio es nuestra primera creación y te puedo decir que
me encantó dirigir y me di cuenta que se puede hablar de un tema complejo sin
caer en la seriedad absoluta ni bajar línea y que  puede tener humor, como
nos pasa abajo del escenario, si no la vida sería insoportable.
Me
encanta cuando veo obras que logran hacerme pisar otra vez el palito. ¿No es
increíble que después de tantos años de humanidad, uno se sienta en una
butaca,  y ya sabe que lo que va a pasar ahí es mentira, es una
representación, y sin embargo a veces se produce el milagro y otra vez ese
cuento nos hace viajar? . Cuando pasa eso, me siento feliz, y digo: “Quiero
estar ahí
“. 
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Un poco mas sobre  Carolina André

Actualmente,  Tiene 36 años. Estudió Ciencias de la
Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y se formó como actriz con Julio
Chávez.

Trabaja dando clases y entrenando actores.

En teatro realizó la asistencia de dirección en Matrioshka,
de Camila Mansilla en Elefante Club de Teatro (2008).
En el área audiovisual, comenzó en el año 2010
con el lanzamiento del film Fontana, la frontera interior
dirigida por Juan B. Stagnaro, desarrollando la estrategia de
comunicación y  realizando
tareas  de  producción.
En el 2011 trabajó en la producción de Argentina es Música,
serie de 13 capítulos dirigida por Juan B. Stagnaro y producida por la
Secretaría de Cultura de la Nación para Canal Encuentro.
Durante el 2012, realiza la producción de la serie Faros,
la luz de la Civilización
dirigida por Alejandro Areal Vélez, ganadora
del concurso Serie Documental para contenidos de  tv digital del INCAA.
En el 2013 realiza la preproducción del film El encuentro de Guayaquil
dirigida por Nicolás Capelli.
Actualmente  trabaja CASA
7
,  productora audiovisual dedicada
principalmente al área de publicidad.

 

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