“La falta de concentración envenena el talento” Entrevista de Gerardo Domínguez a Juan María Solare

¿Por
qué decidiste ser artista?
Porque descubrí que desde un escenario puedo
transmitir energía, y que la gente no sólo disfruta de una agradable combinación
de sonidos, sino que capta cierta irradiación que fluye de un alma a otra, o de
un cuerpo al otro. No quiero parecer místico, es una simple constatación experiencial.
¿Cuándo
decidiste ser artista?
Uno no toma decisiones vitales de una vez para
siempre, sino que las toma una primera vez y después las va confirmando (o
rectificando) cada tanto, con grados cada vez más profundos de madurez – o de
resignación. Como punto de referencia, cuando estaba en los últimos años de la
escuela secundaria, y los demás compañeros comenzaban a plantearse seriamente
qué carrera universitaria seguir, ya sentía que mi decisión había sido tomada
bastante antes.

¿A
qué edad nació esta pasión por la música que tenés?

Es casi como preguntarme a qué edad me surgió
la pasión por respirar. La música me resulta un lenguaje innato y natural, como
una lengua materna. Sospecho que la educación familiar tiene que haber influido
grandemente, porque no puedo recordar una edad en la que no existiera música en
mi vida.
¿Cuántos
años tenías cuando comenzó tu camino en la música?
Según cuándo establezcamos el punto de
partida. Me recuerdo de muy chiquito (4 o 5 años) tocando melodías sencillas en
el piano de casa. El teclado me llegaba a la altura de la nariz, imaginate mi
estatura. Si no me aupaban, no veía las teclas. Y reconocía las notas por las irregularidades
del marfil de las teclas.
¿Tus
padres te apoyaron en este camino artístico?
Muchísimo, particularmente mi madre. En la
economía doméstica, el sueldo de papá iba a comida, ropa, casa; y el de mamá
iba a nuestra educación (somos tres hermanos). No todo se explica por el
dinero, claro, pero cuando una familia decide invertir el 50% de sus ingresos
en la educación de los hijos, es que realmente le importa. Además, el estar al
lado tuyo, el ayudarte a estudiar, el llevarte y traerte de las clases, el encontrarte
un maestro adecuado. Y seamos sinceros: como todo chico, no siempre tenía yo ganas
de estudiar, entonces el impulsarte a hacer lo que en el fondo querés hacer
pero lo postergás porque no aún aprendiste a disciplinarte. Como padres, es muy
difícil saber si al pibe no le interesa para nada estudiar música o bien sí le
interesa pero simplemente tiene fiaca. La línea divisoria es muy difícil de
encontrar.
¿Cuántos
años ya llevás arriba de los escenarios?
Esta es fácil: 38. Mi primer concierto
completo lo dí en el colegio “Santa Faz” de
Lanús el 20 de octubre de 1980. Cierto que antes ya había participado en varias
audiciones internas del Conservatorio
Nacional de Música
. La más antigua que he documentado es del 20 de
noviembre de 1978. Mi maestra de piano (María
Teresa Criscuolo
) era de la idea que un artista se forma sobre el escenario,
y ya desde el primer año de estudios nos hacía tocar en público, nos gustase o
no. A mí me encantaba ya de chiquito estar en un escenario. Un poquito de
Narciso, ¿verdad? Que como verás no se me ha pasado. Pero es un Narciso sano:
se canaliza por donde debe, creativamente (eso afirmo yo, claro).
Me
imagino que en todos estos años debemos tener mil anécdotas ¿Cuál es la que más
recordás, que hoy nos puede robar una sonrisa?
Tras un recital en el desaparecido Auditorio
Promúsica –en Buenos Aires, calle Florida– se me acerca un señor de mediana
edad, visiblemente emocionado, y me dice que mi música le había devuelto las
ganas de vivir. Decime cuán fácil es tocar a un hombre ya curtido por la vida.
Cuando te decía lo de transmitir energía, pensaba en este episodio. No es un
cuentito buena onda, fue una
experiencia real.
¿Con
quién te hubiera gustado tocar?
Con Freddie Mercury, con Paul McCartney, con Luis
Alberto Spinetta, tal vez con Gustavo Santaolalla. Con Astor Piazzolla. Y
agarrate: con Nena, la cantautora alemana. También con Mozart, o tocar piano a
cuatro manos con Chopin o con Liszt. Y con el mejor músico que hayan tenido los
Neanderthal. Sin embargo tengo cierto temor irracional: encontrar que son unos
egomaníacos impermeables que no dejan espacio a los demás. Sería un chasco.
¿Qué
canciones te gustan más?
Las depresivas me fascinan. The Show Must Go On, de Queen, o For No One de los Beatles. Ciertos
tangos, como La última curda (de
Aníbal Troilo y Cátulo Castillo) o Garganta
con arena
(Cacho Castaña). Eiti Leda
de Serú Girán es una obra maestra, porque no se puede saber si es triste,
alegre, relajante o estimulante. Mucho tango electrónico me encanta, aunque
satura pronto. Lo que últimamente descubrí es el rap argentino, concretamente
el grupo Clave de Barrio. Yo tenía
cierta suspicacia infundada, pero me llevé una sorpresa muy agradable: bajo una
superficie de tristeza incurable hay una fuente de energía, un embrión de
supervivencia irrefrenable. Luego, a caballo entre la música popular y la
electrónica experimental está el género Dark
Ambient
, que muchas veces escucho como consuelo: proyectos como Lustmord, Atrium Carceri o Desiderii
Marginis
. En el mundo clásico, nombres como Liszt, Stockhausen, Messiaen o
John Cage pululan en mis auriculares.
¿Cuál
es tu estilo de música favorita?
Creo que no lo tengo, y acaso sea mejor así. Así
como la alimentación tiene que estar balanceada, con vitaminas, proteínas, carbohidratos
y qué sé yo que más, las influencias musicales –culturales en general– tienen
que ser variadas. De lo contrario, llegamos muy rápidamente al dogmatismo y de
ahí no salimos más. Me atrevo a generalizar: también en la vida diaria o en la
política tendríamos que poder acostumbrarnos a escuchar todas las campanas
posibles. Ya está, lo dije.
¿Qué
querías ser cuando eras niño?
Niño. Y lo logré. Cierto que no tuve más
remedio.
¿Cuáles
eran tus sueños cuando eras niño? ¿Los llegaste a cumplir?
Me obligaste a pensar para no responder
pavadas. Y descubrí algo interesante: las imágenes que recuerdo haber tenido de
chico no eran de “lograr ser” algo sino de “estar haciendo”
algo (por ejemplo, tocar conciertos). Retrospectivamente, veo que la diferencia
es fundamental, porque el objetivo entonces no es estático, se va moviendo con
uno. Un objetivo fijo, si no lo
alcanzás, podés frustrarte, pero si
lo alcanzás entonces te quedás sin objetivos para el futuro. ¿Me enredé mucho?
¿Qué
les dirías a tus seguidores acerca de los sueños que tienen de ser alguien en
la vida?
Que no se dispersen, porque la falta de
concentración envenena el talento.
¿Qué
sentís cuando estás en un escenario?
Siento que el mundo está nuevamente en orden.
Que las cosas son como deben ser, y que por fin puedo hacer aquello en lo que
más rindo. Qué horror, ¿no?
¿Qué
proyecto tenés entre manos ahora mismo?
La grabación de una obra para piccolo solo
llamada “Shakespeare’s Winks
(Guiños de Shakespeare). La solista es Cecilia
Piehl
, una flautista argentina que reside en Atlanta, EE.UU. La música es
de mi autoría. Como armé un minúsculo sello discográfico (Janus Music & Sound), tengo la posibilidad de distribuir esta
grabación en plataformas virtuales como iTunes
o Spotify. Hasta ahora puede
escucharse un avance aquí: http://www.juanmariasolare.com/CD_shakespeares_winks.html
¿Estudiaste
en alguna escuela de actuación o música? ¿Hasta dónde estudiaste?
Sí, me gradué en el entonces llamado Conservatorio Nacional de Música (ahora:
Universidad Nacional de las Artes,
UNA). Luego hice un curso de posgrado de dos años en la Hochschule für Musik Köln, en Colonia (Alemania), y otro en
Stuttgart. Ambos en composición musical. Luego hice un pre-doctorado en
educación musical en la Universidad Complutense de Madrid.
¿Te
gustaba estudiar cuando eras niño?
Se vé que sí. Una amiga (Julieta Tolchinsky, pianista argentina que vive en Israel) me escribió
recientemente algo muy lindo, recordando nuestras épocas de estudiantes: “Vos
venías a ser un ‘miren en lo que se pueden convertir si estudian mucho’.” Afortunadamente,
yo entonces no tenía ni idea de estar cumpliendo esta función, porque hubiera
sido una responsabilidad demasiado grande.
¿Crees
que el arte escénico es importante en nuestras vidas? ¿Por qué?
Sobre todo es importante para los que hacen
arte escénico. En la vida cotidiana veo mucha gente para la cual no es nada importante.
Me gustaría poder decir que cualquier arte es vital para todo el mundo, pero
¡hay tantos contraejemplos!
El
nombre de esta página es La Bitácora del Artista, como tal, ¿qué es lo que
guardarías en la Bitácora para que otros visitantes vean?
¿Puedo ser sincero? Tuve que ir al diccionario
para ver bien qué es una bitácora. Un vergüenza, porque hace como 25 años
escribía yo en una revista barrial de Buenos Aires llamada justamente
“Bitácora”, vinculada al movimiento humanista. Leo que es un “armario
fijado a la cubierta de un barco y cercano al timón, donde se pone la
brújula”. O sea que tiene que ver con la orientación y la guía. Así que guardaría
en esta bitácora algo que le sirviera a los demás visitantes. Pondría un espejo
agujereado, para que se vieran a sí mismos y a lo que hay más allá de ellos.
¿Qué
les dirías a las personas a las que no le gusta actuar, cantar o ninguna
actividad artística?
No intentaría
persuadirlos de nada. Lo que me parece importante es que a cada uno le brillen
los ojos y tenga pasión por algo, sea
lo que sea. Algo por lo cual se juegue. Algo que combata la inercia y la
desidia, éstos son el enemigo. Si un contador le quita horas al sueño para perfeccionar
los métodos para hacer un balance perfecto, eso es lo que tiene valor: su
pasión.
***
Videos:
Puma“, tangoide moderno para
piano, de y por Juan María Solare
https://www.youtube.com/watch?v=ux-PkW9c9Lc
Melodía de arrabal“, de Carlos
Gardel – version para piano solo de Juan María Solare
https://www.youtube.com/watch?v=DoL29jV9cXE
Pasajera eterna
https://www.youtube.com/watch?v=KBeZFFrVE8g

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