“Pobre mi Alma” de Guillermo Farisco. (Crítica)

Suena mi teléfono, y cuando atiendo, una voz del otro lado
se presenta… de por si lo notaba contento y emocionado. El motivo del llamado,
era simple, una invitación al estreno de la Obra Teatral “Pobre mi Alma” de
Guillermo Farisco. El que llamo… el actor de la obra… Andy. Eso puede explicar
la alegría y la emoción. Después de una breve charla, acepte la invitación. Hacia
un tiempo que no iba a un estreno de una obra teatral y me pareció que era la
obra adecuada para ir a ver. Tal vez me atrapo el nombre o la zona en donde se
encuentra el Teatro La Máscara (San Telmo). 
El estreno era el día sábado a las 22 hs. Y yo recibía la visita de mi
hijo adolecente. Que ni bien llego le pregunte si me acompañaba a ver una obra
de teatro. Y acepto con gusto.
Los desafíos eran varios, que le guste el barrio de San
Telmo… que le guste la obra…. Y que no este chateando con el celular el tiempo
que dure la obra.
Luego de un placentero viaje en subte, con ciertas
combinaciones, nos bajamos en la estación Independencia de la línea C (Obvio
por tratarse un sábado a las 21hs.). Caminamos unas pocas cuadras por la
Avenida Independencia hacia el bajo, llegamos a la calle Piedras. Ya desde ahí
se veía la gente en la puerta para entrar al Teatro. Era una buena señal.
 
Cuando llegamos a la entrada nos encontramos 
con una sala
con un Lobby pequeño, una 
cafetería a un costado. Y la boletería al fondo.
Podríamos decir, que la cafetería contaba con unas 5
banquetas para tomar un café en la barra. No cuenta con mesa y sillas para
tomar un café mientras se espera para ver la obra.
El teatro cuenta con 167 asientos cómodos para ver una obra
de 90 minutos. Pero el lobby es algo pequeño para esa cantidad de Asientos.
Teniendo en cuenta que estamos en época otoñal, podríamos decir que, en caso de
lluvia, el espacio no es todo lo cómodo que debería.
Cuenta con una cartelera donde exiben distintos folletos de obras teatrales. 
La obra empezó en el horario acordado, pero para acceder a
la sala se tiene que subir unas escaleras. Cortas, por la cantidad de
escalones. Pero en el caso de contar con alguna discapacidad, no vi a simple
vista, la manera de subir de una manera cómoda.
Cuando entré a la sala, me encontré con un panorama
totalmente distinto. Una sala cómoda, agradable a la vista. Todas filas bien
identificadas con número. Y por, sobre todo, independientemente de donde nos ubiquemos,
siempre se va a ver y oír perfectamente.
Después de los avisos de rigor, que apaguemos los celulares
(mi hijo lo acato al momento), las luces del teatro empezaron a bajar. Y sin
que se llegue a apagar totalmente y ante mi sorpresa entra en escena “Momi”,
personaje que encarna Marcela Fernández Señor, de una manera única y ejemplar. 
Como
es la política de mi portal, no vamos a contar el final de la obra ósea ¿NO ME
PREGUNTEN PELOTUDECES? (los que van a ver la obra van a entender por qué se los
digo).
La obra es de genero melodramático, pero rosa lo absurdo con
una gran mezcla de humor. Por momentos es casi un monologo de Momi (donde Marcela
demuestra su gran capacidad actoral). Que podemos decir de Edi (Andrés Fraire),
un personaje simple, solido e inteligente. Que en el momento que estuvo que
estar solo en el escenario lo supo aprovechar muy bien.
En lo personal, como les conté fui con un adolecente a la
obra, y en varias partes de la misma le robaron una carcajada. Lo que esto
convierte a una pieza teatral totalmente recomendable para ver en familia.
Seguramente en muchas partes de este melodrama se van a ver reflejados o se van
a mirar o tocar diciendo…. Maaaaa… esa sos vos.
Cuando termino la obra, la gente de pie aplaudió con mucha energía.
Y los actores muy emocionados agradecieron los aplausos que bien merecidos lo tenían.
El tiempo que duro la obra fue algo más de 70 minutos, nunca
nos dimos cuenta del tiempo que había pasado.
Afuera el día estaba fresco y lloviznando. Pero valió la
pena.
En las inmediaciones no hay un buen servicio gastronómico cerca.
Por lo menos por la avenida Independencia hacia el bajo.
Quería agradecer la invitación al elenco de “Pobre mi Alma”,
como así también al Teatro La Máscara, por la excelente atención recibida. Y
como siempre al colectivero (de la Línea 93) que nos llevó de nuevo a casa

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